JOSE BOADO CORDOVA
Poeta recién llegado
Hoy, bajo las sombras de un tétrico árbol
ha muerto
algunos lo llamaban santo, otros solo humano,
entre esas tristes caricias a muerto,
bajo un terrible roble, ahí ha muerto.
Hoy, no hay quien llore su pena,
no hay nadie para decir el último adiós,
ha muerto solo, desde la tierra lo vieron partir
fue un cadáver sin nada más que su propia alma.
Ya dieron las tres campanadas
los cirios dieron sus últimos suspiros
y las velas lloraron sus últimas lagrimas
esta noche nadie la recordara,
esta noche no es para morir.
Una trompeta lanza su último alarido,
el minuto para la despedida ha concluido,
el ataúd entra en ese rincón,
en ese rincón, almacén de todo insignificante cuerpo.
Una nota solo lo acompaña,
una canción que no tiene ni voz ni forma
es esta nota,
es esta poesía que aquí termina su viaje.
ha muerto
algunos lo llamaban santo, otros solo humano,
entre esas tristes caricias a muerto,
bajo un terrible roble, ahí ha muerto.
Hoy, no hay quien llore su pena,
no hay nadie para decir el último adiós,
ha muerto solo, desde la tierra lo vieron partir
fue un cadáver sin nada más que su propia alma.
Ya dieron las tres campanadas
los cirios dieron sus últimos suspiros
y las velas lloraron sus últimas lagrimas
esta noche nadie la recordara,
esta noche no es para morir.
Una trompeta lanza su último alarido,
el minuto para la despedida ha concluido,
el ataúd entra en ese rincón,
en ese rincón, almacén de todo insignificante cuerpo.
Una nota solo lo acompaña,
una canción que no tiene ni voz ni forma
es esta nota,
es esta poesía que aquí termina su viaje.