Ha sucedido el cuerpo, y no prolongo
su exactitud en la ecuación sonora
como si me impidiesen elevarme
de la estatura mansa de la sombra.
No remonto el volumen, y me callo
a los pies de algún árbol insolente
que no quiere escuchar mi calendario
ni la epidermis de un sonido líquido.
Me duele el simulacro de la carne,
su máscara de poros desalados
que estira su delito periférico
y no engaña ya a nadie con su tacto.
El agua se escapó rumbo a las sílabas
que saben integrarse en la palabra,
que dan vida a la piel del diccionario
en el gerundio de sabor de un cuerpo
que expresa lo que siente
y se hace verbo.
su exactitud en la ecuación sonora
como si me impidiesen elevarme
de la estatura mansa de la sombra.
No remonto el volumen, y me callo
a los pies de algún árbol insolente
que no quiere escuchar mi calendario
ni la epidermis de un sonido líquido.
Me duele el simulacro de la carne,
su máscara de poros desalados
que estira su delito periférico
y no engaña ya a nadie con su tacto.
El agua se escapó rumbo a las sílabas
que saben integrarse en la palabra,
que dan vida a la piel del diccionario
en el gerundio de sabor de un cuerpo
que expresa lo que siente
y se hace verbo.