Habitas en mi

Carmen Vicente Gaspar

Poeta recién llegado
Ahora que eres polvo de estrellas,
la ausencia escribe con tu misma caligrafía.
Llega puntual cuando declina la tarde,
cuando el mundo cierra sus páginas
y el alma busca el rescoldo de un fuego antiguo.
No es el afán de retener el pasado,
ni la nostalgia que se aferra a los nombres.
Es la fuerza de tu verbo, que aún viaja,
un eco persistente que encuentra grietas en el aire
para atravesar el silencio.
Ahora que habitas la región invisible,
una ráfaga tuya guía mi hombro en la sombra.
Es tu pulso, no el mío,
es tu mano no la mía
el que convierte la vieja herida en poesía.
Las palabras regresan despacio,
como pájaros que reconocen el camino de regreso,
como agua subterránea que nunca dejó de fluir.
La roca olvida,
pero tu marea insiste.
Me dejaste tus ojos para mirar el invierno
sin temer a la escarcha,
para descubrir, bajo la tierra dormida,
el secreto manantial de la esperanza.
Y entonces comprendo
que no existe naufragio.
Que al otro lado del espejo
tu tinta continúa dibujando el mundo,
nombrando la belleza,
desafiando al vacío.
Porque la ausencia pierde su batalla
frente a esta certeza serena:
sigues habitando en mí,
en cada palabra que nace,
en cada verso que me encuentra,
en cada silencio que se llena de tu voz.
Y cuando escribo,
no estoy sola,
Eres tú quien enciende la llama
quien abre la puerta de la memoria,
quien toma mi mano desde la distancia de las estrellas
y guía mis versos hacia la luz.
Ahora que habitas en mi…
 
Ahora que eres polvo de estrellas,
la ausencia escribe con tu misma caligrafía.
Llega puntual cuando declina la tarde,
cuando el mundo cierra sus páginas
y el alma busca el rescoldo de un fuego antiguo.
No es el afán de retener el pasado,
ni la nostalgia que se aferra a los nombres.
Es la fuerza de tu verbo, que aún viaja,
un eco persistente que encuentra grietas en el aire
para atravesar el silencio.
Ahora que habitas la región invisible,
una ráfaga tuya guía mi hombro en la sombra.
Es tu pulso, no el mío,
es tu mano no la mía
el que convierte la vieja herida en poesía.
Las palabras regresan despacio,
como pájaros que reconocen el camino de regreso,
como agua subterránea que nunca dejó de fluir.
La roca olvida,
pero tu marea insiste.
Me dejaste tus ojos para mirar el invierno
sin temer a la escarcha,
para descubrir, bajo la tierra dormida,
el secreto manantial de la esperanza.
Y entonces comprendo
que no existe naufragio.
Que al otro lado del espejo
tu tinta continúa dibujando el mundo,
nombrando la belleza,
desafiando al vacío.
Porque la ausencia pierde su batalla
frente a esta certeza serena:
sigues habitando en mí,
en cada palabra que nace,
en cada verso que me encuentra,
en cada silencio que se llena de tu voz.
Y cuando escribo,
no estoy sola,
Eres tú quien enciende la llama
quien abre la puerta de la memoria,
quien toma mi mano desde la distancia de las estrellas
y guía mis versos hacia la luz.
Ahora que habitas en mi…
Tal vez sea este un conmovedor homenaje a un ser querido fallecido.

Saludos
 
Ahora que eres polvo de estrellas,
la ausencia escribe con tu misma caligrafía.
Llega puntual cuando declina la tarde,
cuando el mundo cierra sus páginas
y el alma busca el rescoldo de un fuego antiguo.
No es el afán de retener el pasado,
ni la nostalgia que se aferra a los nombres.
Es la fuerza de tu verbo, que aún viaja,
un eco persistente que encuentra grietas en el aire
para atravesar el silencio.
Ahora que habitas la región invisible,
una ráfaga tuya guía mi hombro en la sombra.
Es tu pulso, no el mío,
es tu mano no la mía
el que convierte la vieja herida en poesía.
Las palabras regresan despacio,
como pájaros que reconocen el camino de regreso,
como agua subterránea que nunca dejó de fluir.
La roca olvida,
pero tu marea insiste.
Me dejaste tus ojos para mirar el invierno
sin temer a la escarcha,
para descubrir, bajo la tierra dormida,
el secreto manantial de la esperanza.
Y entonces comprendo
que no existe naufragio.
Que al otro lado del espejo
tu tinta continúa dibujando el mundo,
nombrando la belleza,
desafiando al vacío.
Porque la ausencia pierde su batalla
frente a esta certeza serena:
sigues habitando en mí,
en cada palabra que nace,
en cada verso que me encuentra,
en cada silencio que se llena de tu voz.
Y cuando escribo,
no estoy sola,
Eres tú quien enciende la llama
quien abre la puerta de la memoria,
quien toma mi mano desde la distancia de las estrellas
y guía mis versos hacia la luz.
Ahora que habitas en mi…
Estupendos versos nostálgicos a la ausencia de un amor fallecido. Me gusta muchos Carmen. Felicidades.
Yo lo habría publicado en el foro de melancólicos.
 
Si tienes razón pero pensé que tiene que ver con el legado, la huellla que dejamos y la inspiración. A veces clasificar es complicado. Gracias por leer y reflexionar.
 

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