Fingal
Poeta adicto al portal
Háblame de los mares
que bañan vacíos en tus ojos.
Háblame de tu lecho
de pesadillas arrepentidas,
del hambre arraigada en tu páramo,
de la ternura de las brujas
que devoran inocencias venenosas.
Háblame de los vampiros
que veneran la agonía de tu sangre,
de la piedad del látigo en la carne,
de los altares de tuétano hervido,
de los sueños que duermen toda vida
en tumbas de vértigo miserable.
Háblame de toda tu mitología
de mujer y sentimiento,
de las grietas que abandonaron tus alas,
de las heridas
en la ilusión desparramada
como náuseas en el cielo.
Háblame de la luz vencida y violada
que amamanta engendros,
de las eternidades empaladas
en cuernos de unicornios
cultivados como sarnas.
Háblame del ojo de la verdad
que taladra balbuceos en los púlpitos,
que condena a nuestros hijos
en el vientre corrupto,
en la asfixia de las intenciones.
Háblame de él, de ella,
de ti, de mí
y abrázame como si te importara,
como si yo pudiera elegirte,
como si tuviera límites
esta deforme lágrima
que juntos nos derrama.
Álvaro del Prado
Galapagar (Madrid), 28 de diciembre de 2015.
que bañan vacíos en tus ojos.
Háblame de tu lecho
de pesadillas arrepentidas,
del hambre arraigada en tu páramo,
de la ternura de las brujas
que devoran inocencias venenosas.
Háblame de los vampiros
que veneran la agonía de tu sangre,
de la piedad del látigo en la carne,
de los altares de tuétano hervido,
de los sueños que duermen toda vida
en tumbas de vértigo miserable.
Háblame de toda tu mitología
de mujer y sentimiento,
de las grietas que abandonaron tus alas,
de las heridas
en la ilusión desparramada
como náuseas en el cielo.
Háblame de la luz vencida y violada
que amamanta engendros,
de las eternidades empaladas
en cuernos de unicornios
cultivados como sarnas.
Háblame del ojo de la verdad
que taladra balbuceos en los púlpitos,
que condena a nuestros hijos
en el vientre corrupto,
en la asfixia de las intenciones.
Háblame de él, de ella,
de ti, de mí
y abrázame como si te importara,
como si yo pudiera elegirte,
como si tuviera límites
esta deforme lágrima
que juntos nos derrama.
Álvaro del Prado
Galapagar (Madrid), 28 de diciembre de 2015.
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