Apenas roto el huevo y ya me estreno
como una inofensiva larva pálida
que se estira y contrae en el terreno
soñando con alguna zona cálida
donde pueda crecer sin otro freno
que la tersa pared de la crisálida
para alcanzar mi desarrollo pleno
y descollar en una forma válida.
Me despierta el perfume de las flores.
Despliego con orgullo mis dos alas
y descubro la gama de colores,
texturas y diseños para galas.
Solo entonces disipo mis temores,
pues mi vida se mide por escalas.