Alguna vez el silencio se adueño de mí
y me convertí en piedra.
Otros lanzaban su furia,
su llanto, sus puños,
sin que nada jamás
volviera a suavizar el corazón
que un día entregué.
Había sido yo,
un pájaro hermosísimo de mil colores,
revestida de latidos,
de mil disfraces,
de sonidos diferentes,
de compases que se sueñan entre nubes
e intentaba ganarme el cielo
a base de acurrucarme a los pies del que era mi infinito...
hasta que torpemente,
en mi pecho se acunó la indiferencia.
Ese día, dejé de ser yo para convertirme en otra.
Una que no lamenta,
que no llora,
que no ruega,
que no se desangra,
que no se cae,
que no siente,
que no vive.
Una mujer que ha muerto.
américa
y me convertí en piedra.
Otros lanzaban su furia,
su llanto, sus puños,
sin que nada jamás
volviera a suavizar el corazón
que un día entregué.
Había sido yo,
un pájaro hermosísimo de mil colores,
revestida de latidos,
de mil disfraces,
de sonidos diferentes,
de compases que se sueñan entre nubes
e intentaba ganarme el cielo
a base de acurrucarme a los pies del que era mi infinito...
hasta que torpemente,
en mi pecho se acunó la indiferencia.
Ese día, dejé de ser yo para convertirme en otra.
Una que no lamenta,
que no llora,
que no ruega,
que no se desangra,
que no se cae,
que no siente,
que no vive.
Una mujer que ha muerto.
américa