Hace poco falleció mi madre.
Veintiseis años juntos.
Quisiera tener más recuerdos
más abrazos.
Darle más cariño.
Fue todo tan rápido.
Esta casa queda tan vacía.
Y no me llevas.
Y tengo que verte cada día.
Acariciar tu nombre
y ver a Anita.
Qué linda sonrisa la que recuerdo
La de esa niña con la trenza blanca.
Y llorando estoy de no haberte querido más.
Solo mi hermana me da fuerzas.
Tan de linda, tan de preciosa
rompe rompe grande.
Pero estuvieron mis hombros y mi camisa
para ayudarte.
Dios me despertó el día que caistes.
Sólo hizo falta escuchar una sola vez mi nombre
y desperté en la madrugada mi dulce amor.
Corriendo calles y mercados.
Aquella tostada que más querías o el dulce de coco.
Todo a millones si los hubiera.
Aferrándome a todo mi dulce amor.
Dios mío, cuánto amor que no te dí.
Cuánta estupidez en lo pobre. Y tú tan lejos, y tan cerca.
El alma se rompe de quererte. Y no se como verte, mi dulce amor.
Y Dios me despertó aquel día para que te apoyases en mi hombro.
Acaso hay nada más hermoso, con más sentido, que haber estado a su lado
en ese momento. Sólo ese instante vale más que mi vida entera. Gracias Dios por
despertarme y déjame amarla como se merece.
Veintiseis años juntos.
Quisiera tener más recuerdos
más abrazos.
Darle más cariño.
Fue todo tan rápido.
Esta casa queda tan vacía.
Y no me llevas.
Y tengo que verte cada día.
Acariciar tu nombre
y ver a Anita.
Qué linda sonrisa la que recuerdo
La de esa niña con la trenza blanca.
Y llorando estoy de no haberte querido más.
Solo mi hermana me da fuerzas.
Tan de linda, tan de preciosa
rompe rompe grande.
Pero estuvieron mis hombros y mi camisa
para ayudarte.
Dios me despertó el día que caistes.
Sólo hizo falta escuchar una sola vez mi nombre
y desperté en la madrugada mi dulce amor.
Corriendo calles y mercados.
Aquella tostada que más querías o el dulce de coco.
Todo a millones si los hubiera.
Aferrándome a todo mi dulce amor.
Dios mío, cuánto amor que no te dí.
Cuánta estupidez en lo pobre. Y tú tan lejos, y tan cerca.
El alma se rompe de quererte. Y no se como verte, mi dulce amor.
Y Dios me despertó aquel día para que te apoyases en mi hombro.
Acaso hay nada más hermoso, con más sentido, que haber estado a su lado
en ese momento. Sólo ese instante vale más que mi vida entera. Gracias Dios por
despertarme y déjame amarla como se merece.