Antares
Poeta adicto al portal
Mas allá de ese lugar
comenzó un tiempo de bonanza.
Las tardes empezaban a ser
mas luminosas y alegres.
Descubrió que debía permitirse
echarlo de menos…
Recordó el hondo verde
del reflejo de sus pupilas
esperando el solsticio de verano.
Las palabras y verbos que inventaba,
formando escaletas azules.
Sus manos como alas de Fénix
regalaban silenciosas caricias.
En su costado resguardaba el alma
como cobijo del duro invierno.
Él siempre cabalgaba siguiendo
la ruta del fémur.
Quijote de su vientre,
dueño de su divina figura.
Las canciones le tocaban la piel.
Con él era nota musical.
Su boca era puerta de vida
y su sonrisa
un amanecer en la Toscana.
Ella entendió que recordarlo
de esa manera,
era otra forma de amarlo para siempre.
Última edición: