Francisco J. Muñoz Soler
Poeta recién llegado
Hacer cotidiana la felicidad
asentándose en ella
sin caer en la peligros monotonía
capaz de destruir implacablemente
la más armoniosa de las convivencias,
llenando los días de nuevos gestos,
de nuevas comprensiones y tiernas caricias
retomando las vivencias que van fortaleciendo
los lazos de amor y las ilusiones,
apartando los lamentos y las intransigencias,
creando espacios de amistad y diálogos,
de complicidad de vivencias compartidas,
alejando las tensiones de una lucha fraticida
por cuotas de poder en la convivencia,
hacere frente común en las inquietudes
en las ilusiones y en las adversidades,
compartiendo las necesidades
se recibe lo mejor de la pareja
de forma desinteresada, natural y generosa,
dar sin exigir nada a cambio
es el mejor de los signos
para recibir compresión y cariño,
pues compartir es ser compañero
en el fascinante viaje que une
y fructifica en nuevas vidas.
Hacer cotidiana la felicidad
es crecer a la par de quien se quiere.
asentándose en ella
sin caer en la peligros monotonía
capaz de destruir implacablemente
la más armoniosa de las convivencias,
llenando los días de nuevos gestos,
de nuevas comprensiones y tiernas caricias
retomando las vivencias que van fortaleciendo
los lazos de amor y las ilusiones,
apartando los lamentos y las intransigencias,
creando espacios de amistad y diálogos,
de complicidad de vivencias compartidas,
alejando las tensiones de una lucha fraticida
por cuotas de poder en la convivencia,
hacere frente común en las inquietudes
en las ilusiones y en las adversidades,
compartiendo las necesidades
se recibe lo mejor de la pareja
de forma desinteresada, natural y generosa,
dar sin exigir nada a cambio
es el mejor de los signos
para recibir compresión y cariño,
pues compartir es ser compañero
en el fascinante viaje que une
y fructifica en nuevas vidas.
Hacer cotidiana la felicidad
es crecer a la par de quien se quiere.