Évano
Libre, sin dioses.
Hacer del abrazo un hermoso decir,
un lecho de entusiasmo
donde el silencio relata lo ocurrido.
Hacer de los brazos un pronto vital sin preguntas,
que mejore lo molesto y cure al enfermo que no habla;
una visita que haga olvidar al implacable dormitorio.
Hacer del abrazo pálido recuerdo
que toma la presencia y somete
la violencia de los ojos
a Nuevos Tiempos de violetas.
Hacer del abrazo noticias
que vencen los gritos de dentro y atontan
con un Vamos que te quiero.
Hacer del abrazo algo inmediato,
animada verdad,
un amigo agregado a lo imposible.
Hacer de los brazos zumbidos
latiendo con el sobresalto del ahora;
y luego un Rolls-Royce con chófer que la desliza
y la indulta y la yergue
y la lleva a lo violeta y la levanta
y la cede y la vence como mirada
que viene apresurada y existe.
Hacer del abrazo cambio
para que se acepte a sí misma
y nunca más se decepcione en silencio.
Hacer del abrazo tanto cariño
que agrade a lo imposible
y una al fervor de dos mundos
para que agreguen ahora el por qué de cada uno.
Hacer de los brazos dos rascacielos tranquilos,
un resonar aconteciendo en lo febril de las flores;
una goma que borre a un antaño de sótanos
donde la pérdida de ruidos suspiraban
como cuevas viajando a lo profundo.
Hacer de los brazos capitanes azules
enarcando las puertas de una doncella
que ahora regresa violeta a la horquilla y al cabello.
Hacer del abrazo tibia emoción,
un embarazo que permita y añada,
y reemplace y deje a los ojos sentados
en lo vivo.
Hacer de los brazos camarotes
en la noche crecida con golpes de mar.
Como pechos de dicha tan blanca,
como la hoja escrita con el pincel de las almas.
Hacer del abrazo un guiño de estatuas
que cumplen ahora en soledad sus sueños.
Hacer del abrazo dos siluetas de sépalos y flores,
un aquí alegre pintado en paisajes violetas.
un lecho de entusiasmo
donde el silencio relata lo ocurrido.
Hacer de los brazos un pronto vital sin preguntas,
que mejore lo molesto y cure al enfermo que no habla;
una visita que haga olvidar al implacable dormitorio.
Hacer del abrazo pálido recuerdo
que toma la presencia y somete
la violencia de los ojos
a Nuevos Tiempos de violetas.
Hacer del abrazo noticias
que vencen los gritos de dentro y atontan
con un Vamos que te quiero.
Hacer del abrazo algo inmediato,
animada verdad,
un amigo agregado a lo imposible.
Hacer de los brazos zumbidos
latiendo con el sobresalto del ahora;
y luego un Rolls-Royce con chófer que la desliza
y la indulta y la yergue
y la lleva a lo violeta y la levanta
y la cede y la vence como mirada
que viene apresurada y existe.
Hacer del abrazo cambio
para que se acepte a sí misma
y nunca más se decepcione en silencio.
Hacer del abrazo tanto cariño
que agrade a lo imposible
y una al fervor de dos mundos
para que agreguen ahora el por qué de cada uno.
Hacer de los brazos dos rascacielos tranquilos,
un resonar aconteciendo en lo febril de las flores;
una goma que borre a un antaño de sótanos
donde la pérdida de ruidos suspiraban
como cuevas viajando a lo profundo.
Hacer de los brazos capitanes azules
enarcando las puertas de una doncella
que ahora regresa violeta a la horquilla y al cabello.
Hacer del abrazo tibia emoción,
un embarazo que permita y añada,
y reemplace y deje a los ojos sentados
en lo vivo.
Hacer de los brazos camarotes
en la noche crecida con golpes de mar.
Como pechos de dicha tan blanca,
como la hoja escrita con el pincel de las almas.
Hacer del abrazo un guiño de estatuas
que cumplen ahora en soledad sus sueños.
Hacer del abrazo dos siluetas de sépalos y flores,
un aquí alegre pintado en paisajes violetas.
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