jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
la vida se trata de esperar la muerte
sólo eso, un tiempo de espera
como cuando vas al doctor y en la consulta
hay otros diez o doce antes que tú y debes esperar tu turno
hojeando una revista o escuchando canciones
o hablando por teléfono de cualquier pendejada
con tu mujer o algún amigo ocioso o mirando por la ventana
la gente que pasa por la calle o quizás la lluvia caer
si el día es lluvioso y gris y no pasa gente por la calle;
en teoría no hay nada que indique
lo que puedes hacer mientras el doctor muerte no te llame
de modo que si quieres puedes incluso salir de la consulta
meterte en un cine y matar el tiempo viendo una película
comiendo palomitas y tomando una gaseosa;
o si el día es lluvioso y gris no importarte sin embargo el agua
y salir a la calle y andar por ahí entre los charcos
sentir la lluvia empaparte la ropa, tal vez resbalarte
caer al suelo y no tener intención de pararte
porque te sientes a gusto allí tumbado con la cara al cielo;
alguna gente, no obstante, suele tomarse la espera
de la manera más trágica posible
se instalan en la consulta como atornillados al asiento
y observan todo el tiempo nerviosamente
girar las manecillas del reloj tic tac tic tac
sintiendo que la cuerda de la desesperación
a cada vuelta les aprieta más el cuello
y el aire se les va y se ponen morados
y se mueren de nada antes que la guadaña les caiga encima;
otros hacen el intento de mostrarse relajados
caminan sin ton ni son de un rincón a otro de la habitación
se detienen y cambian un par de palabras con los otros pacientes
se ríen de algún chiste que sólo ellos entienden
y vuelven a la máquina del café por el enésimo vaso
muertos de terror porque aun están con vida;
una cosa preferible sería, desde luego
hablar con la recepcionista del puto doctor y convencerla
de irse a meter contigo a un hotel cercano
esperar que te toque la hora de ser llamado
chupándole las tetas a la tipa
sacar unas cervezas del minibar y embriagarse
y echar un buen palo y si alcanza el tiempo otro más
total si te mueres a medio coger allá en el infierno
seguro encuentras una puta compasiva que te haga terminar;
en resumen, mis ingenuos y queridos lectores
durante el intervalo ocioso como preámbulo de espera
en el consultorio del doctor muerte que a todos infaliblemente
nos libra de esta puta enfermedad llamada vida
no hay nada que indique la observancia de una conducta precisa
ni el tiempo de espera por guardar ni que debas hacerlo
sentado en una de las sillas de la sala de espera;
puedes incluso ni siquiera asistir al consultorio
y aun olvidar que estás citado con el jodido doctor
puedes también esconderte para que no te hallen
o fingir que estás muerto para que te dejen en paz
puedes hacer cualquier cosa siempre y cuando
al final te mueras y desaparezcas y no quede nada
que recuerde que estuviste aquí
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