Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ven ahora que arde mi sangre,
ven sin demora.
Cuándo me pregunto
llegará la hora.
Ven! que hambre
tengo de tus gemidos.
Ven con tus montañas y ríos.
Ven con tu volcán y apaga mi frío.
Quiero sentir tus mariposas revoloteando en mi ombligo.
Anhelo besarte las hojas, las espinas y la rosa.
Ven y hagamos sinalefa en una décima noche, contemos las silabas de este amor y las salinas entre los dos.
Demos vida a estos versos encima del sofá, de la mesita de estar y si allí no puedo estar, hagamos sinalefa en la cama o debajo de ella o en la ventana por donde alcancemos a ver las estrellas.
Hagamos que se junten de envidia todas ellas y
el sol y la luna en una noche
sin par ninguna y si en la estufa podemos, hagamos sinalefa.
Sobre un lecho de ritmo agitado,
en un ensordecedor silencio apagado,
hagamos sinalefa a oídos o callados;
hasta que queden cuerpos cansados.
ven sin demora.
Cuándo me pregunto
llegará la hora.
Ven! que hambre
tengo de tus gemidos.
Ven con tus montañas y ríos.
Ven con tu volcán y apaga mi frío.
Quiero sentir tus mariposas revoloteando en mi ombligo.
Anhelo besarte las hojas, las espinas y la rosa.
Ven y hagamos sinalefa en una décima noche, contemos las silabas de este amor y las salinas entre los dos.
Demos vida a estos versos encima del sofá, de la mesita de estar y si allí no puedo estar, hagamos sinalefa en la cama o debajo de ella o en la ventana por donde alcancemos a ver las estrellas.
Hagamos que se junten de envidia todas ellas y
el sol y la luna en una noche
sin par ninguna y si en la estufa podemos, hagamos sinalefa.
Sobre un lecho de ritmo agitado,
en un ensordecedor silencio apagado,
hagamos sinalefa a oídos o callados;
hasta que queden cuerpos cansados.