Cristina Prieto Díaz
Poeta recién llegado
En una plaza se oye un hálito de muerte un hálito de sed por la sangre que se derrama por la tierra seca. Riego bermellón por el riesgo del valiente que torpe una tras otra clava su espada en el lomo del toro y en la plaza el hálito se oye un mugir de muerte que gozo es al pueblo y morboso espectador el que se ríe con el mismo hálito.