Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Sin aliento
y con las pupilas tapizadas de tristeza,
apenas logro divisar en la lejanía
un último vagón fugarse
entre los rieles de tu adiós.
¡Oh llegué tarde, muy tarde
al andén de tu vida!.
El sombrero gris que me dio la soledad
y el equipaje cargado de imposibles
son un solo amasijo conmigo.
Y me asemejo a una fotografía sepia
con una borrosa estatua de arcilla
absorta y cuajada de silencio
que parece arrancada de las agujas del tiempo,
inmóvil, como queriendo decir algo.
como queriendo llorar.
Adiós amor,
adiós.
La fisurada simiente
del edificio abandonado de nuestro amor,
anuncia su derrumbe sobre mí,
porque quiere sepultarme entre su escombro,
porque no quiere que se inmortalicen mis versos.
La soberbia tarde de colores cítricos,
arrodilla mi poesía a resignarme con tu ausencia,
a sentarme en la empolvada alcoba
de lo inevitable
y arrancar de mi cara la última sonrisa que me quedaba.
Solo soy un viajero
que perdió su destino
y su corazón,
y tú, tan misteriosa y ceremonial
te vas con la brisa detrás de la felicidad.
Adiós amor,
adiós.
Ya se me hizo tarde una vez más
y quiero partir también;
lejos muy lejos,
donde nadie reconozca
la camisa azul que me regalaste
la noche que prometíamos cosas eternas,
ni los pasos indecisos que daba por tu cuerpo,
ni la cúpula verde que extendíamos
sobre nuestros encumbrados besos.
Como una historia de incompletas conjeturas,
como un monumento abandonado por su artífice,
como un labriego sin agricultura,
incompleto;
incompleto por tu ausencia
por la despistada herida
que ahonda mi olvidado sendero
y el lamento brusco que atraviesa mi garganta.
Fui dejando un rastro de dolor y de lamentos
donde me seguían los miedos corpulentos,
dispuestos a matarme,
y a dejarme en medio de la elegía
que desataban las cuatro puntas del viento.
Ahora me iré a una nueva patria
profunda y enigmática como yo,
donde me pierda en su geografía,
donde nadie sepa que estoy huyendo de un fantasma
y que ése fantasma soy yo.
Y una vez allá
enredado en la telaraña del desespero
abandonarme por completo
para que no me pienses nunca más...