Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Hasta cuándo?
Tantos corazones,
escaso amor.
Tantos alambres
de división,
sangre derramada a montón.
Billetes persiguen,
monedas nos rigen;
la muerte vendrá...
¿Para qué nos sirve?
Alimentos de sobra,
pocos alcanzan.
Se escuchan en el viento
quejidos de panzas.
Sollozos que inundan
las tierras y suelos,
individuos esquivando tiroteos;
sin ser mi carne, lo siento.
Gobernantes codiciosos
calientes en sus mansiones.
El resto mirando por sus televisores,
sumidos en ciego pozo.
Embusteros canallas,
sin agallas, buscan dinero;
a rayas deben vestir, prisioneros.
Sin peros, dar batalla.
Sangre suya ver correr,
encender la hoguera que arde,
roer sus huesos cobardes.
Antes que sea tarde, florecer.
Bombas de compasión,
acción por sobre bocas.
Reflexión que el pueblo absorba,
paloma por halcón.
Haz de luz,
azul quedará el falaz.
Tú, yo, todos por la paz,
ataúd para el disfraz.
Uno debe ser uno mismo.
Sino abismo te encontrarás, asumo;
consumido te perderás como el humo.
Oportuno es ahora abandonar ese escapismo.
Tantos corazones,
por donde la sangre solo corre.
Tantas mentes,
para dañar a los hombres.
Tanto escribí,
de poco sirve,
la gente sigue ahí,
pudriéndose sin flores.
Tantos corazones,
escaso amor.
Tantos alambres
de división,
sangre derramada a montón.
Billetes persiguen,
monedas nos rigen;
la muerte vendrá...
¿Para qué nos sirve?
Alimentos de sobra,
pocos alcanzan.
Se escuchan en el viento
quejidos de panzas.
Sollozos que inundan
las tierras y suelos,
individuos esquivando tiroteos;
sin ser mi carne, lo siento.
Gobernantes codiciosos
calientes en sus mansiones.
El resto mirando por sus televisores,
sumidos en ciego pozo.
Embusteros canallas,
sin agallas, buscan dinero;
a rayas deben vestir, prisioneros.
Sin peros, dar batalla.
Sangre suya ver correr,
encender la hoguera que arde,
roer sus huesos cobardes.
Antes que sea tarde, florecer.
Bombas de compasión,
acción por sobre bocas.
Reflexión que el pueblo absorba,
paloma por halcón.
Haz de luz,
azul quedará el falaz.
Tú, yo, todos por la paz,
ataúd para el disfraz.
Uno debe ser uno mismo.
Sino abismo te encontrarás, asumo;
consumido te perderás como el humo.
Oportuno es ahora abandonar ese escapismo.
Tantos corazones,
por donde la sangre solo corre.
Tantas mentes,
para dañar a los hombres.
Tanto escribí,
de poco sirve,
la gente sigue ahí,
pudriéndose sin flores.