Oona
Poeta recién llegado
Era una niña caprichosa,
cuando en mi desazón
empecé a amar a la gente,
si es que hay un amor puro,
más allá de nuestro propio reflejo,
me vi en la cara sucia de un niño
y en los pies hinchados del enfermo;
no, no es puro,
eso en el mundo material no existe.
Ego vestido del buen samaritano,
para sentirse bueno,
siempre es mejor ser
el que tiende la mano.
Conocí entonces esa dicha,
una que nadie podía robarme,
ni siquiera la ingratitud,
ni la maldad, ni el anonimato,
creo incluso esto último
lo hace más emocionante.
Dar hasta que duela
dijo el jesuita,
pero nunca es posible
porque dar nos da felicidad
porque dar nos enriquece,
damos de lo que nos dan
y nada es nuestro,
damos y al dar
recibimos más de lo que damos
y aún a pesar de esto
algunas veces,
nos dan la gracias.
cuando en mi desazón
empecé a amar a la gente,
si es que hay un amor puro,
más allá de nuestro propio reflejo,
me vi en la cara sucia de un niño
y en los pies hinchados del enfermo;
no, no es puro,
eso en el mundo material no existe.
Ego vestido del buen samaritano,
para sentirse bueno,
siempre es mejor ser
el que tiende la mano.
Conocí entonces esa dicha,
una que nadie podía robarme,
ni siquiera la ingratitud,
ni la maldad, ni el anonimato,
creo incluso esto último
lo hace más emocionante.
Dar hasta que duela
dijo el jesuita,
pero nunca es posible
porque dar nos da felicidad
porque dar nos enriquece,
damos de lo que nos dan
y nada es nuestro,
damos y al dar
recibimos más de lo que damos
y aún a pesar de esto
algunas veces,
nos dan la gracias.
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