Brisas de azahar
y jazmines que pinchan
en noviembres floreados.
Una rama deshojada,
un corazón fecundado,
una promesa en un cuerpo,
otra vuelta en otra rosca,
otro canto en otro árbol.
Busco la semilla de la semilla,
la simiente de mi simiente.
Me encojo y me revuelvo
como un ovillo yermo.
Hasta que llegues tú.
Hasta que no tenga que negarte
el aliento adormecido.
Hasta que llegues tú,
con un sencillo manto,
con un suave latido
que arrope las palabras
y nos meza en su ritmo,
que nos vele dormidos.