ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay épocas…
Hay épocas en que imperceptiblemente vas muriendo
y te extrañas de las cosas y de tantos de los días conocidos
como yéndote sin irte, sin menguar el uso de acercarte.
En ocasiones acometo e intangiblemente sin pausa te asesino,
no es desdén, indiferencia ni esquivez, no hay alevosía…
es tal vez la suerte de un hábito recurrente y ya vencido.
Hay tiempos en que con sublime lentitud me vas matando
sin crueldad, a la manera de manos suaves e invisibles
como trocando lo que ha sido virtuoso en la costumbre.
Son momentos, ocasiones, épocas de difuminado punto de partida
y que se apagan con la levedad en que lo oscuro tiñe al día,
allí el triunfo de la noche entonces es magnífico y soberbio.
Se abre y se ofrece bajo estrellas de la nada y sin huellas un camino,
un rumbo a transitar de desafíos, las cenizas se hacen ganas renacidas
cuando sin marcharse se apartan telarañas de problemas cotidianos
Sin dar lugar a ningún otro valor que importe ni interese
el paisaje vivo e interpretado por la inmensa conjunción sublime
ya en latidos, ternuras o simpleza de palabras mutuas entendidas
se hace arcoiris nocturno de despierta esperanza aparecida
despacito como música que se acerca llegando desde lejos
o de brindis encaramados a sorpresas gratas del mañana.
Y en la tranquilidad de nuevo día del entusiasmo revivido
las muertes y asesinos ya no acechan intensos y encendidos
y se instala entre nosotros un algo parecido a la alegría…
Hay épocas en que imperceptiblemente vas muriendo
y te extrañas de las cosas y de tantos de los días conocidos
como yéndote sin irte, sin menguar el uso de acercarte.
En ocasiones acometo e intangiblemente sin pausa te asesino,
no es desdén, indiferencia ni esquivez, no hay alevosía…
es tal vez la suerte de un hábito recurrente y ya vencido.
Hay tiempos en que con sublime lentitud me vas matando
sin crueldad, a la manera de manos suaves e invisibles
como trocando lo que ha sido virtuoso en la costumbre.
Son momentos, ocasiones, épocas de difuminado punto de partida
y que se apagan con la levedad en que lo oscuro tiñe al día,
allí el triunfo de la noche entonces es magnífico y soberbio.
Se abre y se ofrece bajo estrellas de la nada y sin huellas un camino,
un rumbo a transitar de desafíos, las cenizas se hacen ganas renacidas
cuando sin marcharse se apartan telarañas de problemas cotidianos
Sin dar lugar a ningún otro valor que importe ni interese
el paisaje vivo e interpretado por la inmensa conjunción sublime
ya en latidos, ternuras o simpleza de palabras mutuas entendidas
se hace arcoiris nocturno de despierta esperanza aparecida
despacito como música que se acerca llegando desde lejos
o de brindis encaramados a sorpresas gratas del mañana.
Y en la tranquilidad de nuevo día del entusiasmo revivido
las muertes y asesinos ya no acechan intensos y encendidos
y se instala entre nosotros un algo parecido a la alegría…
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