La víctima era joven, y la habían colocado -ya muerta- sobre la enorme mesa de madera de la cocina. Una sonrisa casi siniestra se dibujaba en el rostro de Luis mientras se giraba y abría el cajón de la alacena para buscar la herramienta más apropiada. Se decidió por un gran cuchillo de hierro de Taramundi. Sin ninguna prisa comenzó a afilarlo. Comprobaba con la yema de su pulgar el efecto de cada pasada de la piedra sobre la hoja. Luego limpió el filo con un paño... Hundió el cuchillo entre los omóplatos de la víctima, y comenzó a descuartizarla con estudiada calma... del cuerpo muerto, aún caliente, salía un líquido amarillento. Estaba separándole los miembros cuando se oyó la voz de su mujer: -Luis ¿está ya el pollo o voy a ayudarte?-
xxx
Churrete
xxx
Churrete