Hay palabras que queman la garganta,
que no deben ser dichas al azar
sino con el cuidado de quien planta
la simiente que luego va a brotar.
Son palabras que hieren al que escucha
pero también a quien las lleva dentro,
que se vomitan luego de la lucha
para que la templanza encuentre el centro.
Pronunciadas pondrán fin a la vida,
aquella que se tiene porque está,
y otra comenzará recién nacida,
que no se sabe a dónde llevará,
que empieza igual que aquella concluida
y como aquella nunca acabará.
que no deben ser dichas al azar
sino con el cuidado de quien planta
la simiente que luego va a brotar.
Son palabras que hieren al que escucha
pero también a quien las lleva dentro,
que se vomitan luego de la lucha
para que la templanza encuentre el centro.
Pronunciadas pondrán fin a la vida,
aquella que se tiene porque está,
y otra comenzará recién nacida,
que no se sabe a dónde llevará,
que empieza igual que aquella concluida
y como aquella nunca acabará.