DESIERTO
Poeta recién llegado
Hay que matar a ese hombre,
mira, se lo está comiendo la soledad.
Hay que matarlo, no se entrega ni a sí mismo,
solo causa desazón en quien lo observa,
desconsuelo en sus leales,
es lo que causa,
y no entiende de otra cosa que de habitaciones tan vacías como cuadradas,
y habita esos lugares,
que solo se pueden imaginar en la distancia.
Hay que matar a ese hombre,
es un mapa equivocado de aquello,
que lo lleva al infierno de haber entendido,
que es el único resultado de sí mismo,
que es una hoja más,
podrida entre tantas,
después, mucho después de haber danzado con los efímeros impulsos del viento,
después, tanto después,
de haber navegado por los torrentes de las lluvias que tan al sur,
traían los otoños maldecidos por el oro inútil de su adorno.
Hay que matarlo
¡Por favor hay que matarlo!,
evitarías, de hacerlo,
que él enrede algún destino ajeno entre sus torpes manos,
impedirías,
más estelas perecederas en un mar que al fin,
ya está tan cercano a la muerte como él.
Hay que matar a ese hombre que es su propio lobo,
su misma sombra.
Y tú sabes cómo hacerlo
Solo deja que las ausencias lo cerquen hasta ahogarlo.
mira, se lo está comiendo la soledad.
Hay que matarlo, no se entrega ni a sí mismo,
solo causa desazón en quien lo observa,
desconsuelo en sus leales,
es lo que causa,
y no entiende de otra cosa que de habitaciones tan vacías como cuadradas,
y habita esos lugares,
que solo se pueden imaginar en la distancia.
Hay que matar a ese hombre,
es un mapa equivocado de aquello,
que lo lleva al infierno de haber entendido,
que es el único resultado de sí mismo,
que es una hoja más,
podrida entre tantas,
después, mucho después de haber danzado con los efímeros impulsos del viento,
después, tanto después,
de haber navegado por los torrentes de las lluvias que tan al sur,
traían los otoños maldecidos por el oro inútil de su adorno.
Hay que matarlo
¡Por favor hay que matarlo!,
evitarías, de hacerlo,
que él enrede algún destino ajeno entre sus torpes manos,
impedirías,
más estelas perecederas en un mar que al fin,
ya está tan cercano a la muerte como él.
Hay que matar a ese hombre que es su propio lobo,
su misma sombra.
Y tú sabes cómo hacerlo
Solo deja que las ausencias lo cerquen hasta ahogarlo.