Luis Granados González
Poeta asiduo al portal
Hay sed de caricias...
Llorando recuerdo más allá de mis pulmones
tu piel anhelada, tus protuberancias en rosa
que germinan inmaculadas junto a tu voz de dulzura.
Así tu cuerpo y el mío, juntos formaban
pequeños animales ahora huidos.
Hay sed de caricias...
Recuerdo nuestros corazones juntos,
nuestra piel contra piel,
la primavera en silencio y ahora...
¿Ahora qué?
Ya es otoño y las conchas
se ocultan bajo las sábanas.
Hay sed de caricias...
En otoño todo es mudo y vano
y el cansancio hace mella
en nuestras manos mientras tus pupilas
guían el pulso escondido de tus ojos viendo
sin mirar mi amor sin pasto ni brisa.
Hay sed de caricias...
Un día inmaculado, más allá de la muerte.
No sé cuando acabarás en mis brazos,
en alguna mañana eterna, sin tiempo ni nombre,
sólo con párpados que en la niebla se abren.
Hay sed de caricias... sed de lengua...
Que traspasa las marismas buscando la vida.
Sueño con tu tez morena,
tus ojos esmeraldas me queman
y tus manos diamantes de fríos destellos
que con las mías se encuentran.
Sediento bebo tus caricias...
Felicidad de mi vida;
la suerte es tenerte cerca
y volver a tenerte siempre.
Luis Granados González ::
::
Llorando recuerdo más allá de mis pulmones
tu piel anhelada, tus protuberancias en rosa
que germinan inmaculadas junto a tu voz de dulzura.
Así tu cuerpo y el mío, juntos formaban
pequeños animales ahora huidos.
Hay sed de caricias...
Recuerdo nuestros corazones juntos,
nuestra piel contra piel,
la primavera en silencio y ahora...
¿Ahora qué?
Ya es otoño y las conchas
se ocultan bajo las sábanas.
Hay sed de caricias...
En otoño todo es mudo y vano
y el cansancio hace mella
en nuestras manos mientras tus pupilas
guían el pulso escondido de tus ojos viendo
sin mirar mi amor sin pasto ni brisa.
Hay sed de caricias...
Un día inmaculado, más allá de la muerte.
No sé cuando acabarás en mis brazos,
en alguna mañana eterna, sin tiempo ni nombre,
sólo con párpados que en la niebla se abren.
Hay sed de caricias... sed de lengua...
Que traspasa las marismas buscando la vida.
Sueño con tu tez morena,
tus ojos esmeraldas me queman
y tus manos diamantes de fríos destellos
que con las mías se encuentran.
Sediento bebo tus caricias...
Felicidad de mi vida;
la suerte es tenerte cerca
y volver a tenerte siempre.
Luis Granados González ::
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