sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay un cielo
que está
metido en
mis venas,
para darme su amor
enredándome en sus lágrimas.
En cada huella
de su despertar amable,
aparece
mi sangre en sus pupilas,
para poder ver al aire
relinchar en sus oídos
y hacer de un rayo
una lágrima
en mis pestañas.
Veo cantar a las almas,
en ese cielo
que recorre mi cuerpo
para ser hablado
en millones de lenguas.
Y en cada signo
que se acuesta en su memoria
para alcanzar a mis venas
se escucha
el limpio camino
que me lleva hasta la eterna
confesión
de declararme en mis latidos
como un cielo que no ha caído.
Levantando mi cuerpo,
logré despertar al sueño
pero a la misma vez
entre los versos
supe que
se hace su voz
en mis labios del tiempo.
Me acerqué a sus pupilas
cuando la tempestad fue marea
y ahí ví a sus besos
entre mis llantos de arena,
en esa mirada que une
al verso que se queda
en las más ilusionada
luz de una vela
compartida en mí sangre.
El cielo
se escondió en mi boca
para meterse en mí aliento
diciéndole un te amo
al más bello cuento
en la libre decisión
de alcanzar a mí cuerpo.
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