Mº Angeles
Poeta recién llegado
Sí, he de callar, por mis hijos,
para que no alcen la voz
y vallan al paredón
como pasó con mis tíos.
No quiero revolución
donde el niño y la cebolla
sirvan de canción de cuna
con el marrón de sus hojas.
Ni quiero verter la sangre
del honrado campesino
mientras grita el asesino
dándose golpes de honor.
No quiero sentir el deshonor
de mi lengua marchitada
que entre los libros calladas
la condene algún traidor.
Pero siento el deshonor
de ver y tener que callar
porque no quisiera hurgar
en mi profundo dolor.
No quiero revolución
soy madre y estando de parto
fui sufriendo la pasión
de Jesús en el calvario.
Hurgando entre contracciones
prometí con mí callar
que entre rescoldos no hurgar
la llama de la verdad.
pero veo la libertad
envuelta entre ataduras
del sin vivir en criaturas
y su fe en la lealtad.
De exquisita educación
amamantaba a mis hijos
le di libros en su elección
y de universidad cobijo.
Y hoy se ven mendigando
un puesto en la sociedad,
por la falta de trabajo
se siente con malestar.
Yo los quisiera acunar
con nanas de hadas y duendes
pero entre arrugas de mi frente
siento su inestabilidad.
La nana de la cebolla
ya se las canto a mis nietos
hirviendo están en la olla
y ya su olor es suculento.
Ellas han vuelto a la memoria
porque el olor está presente,
y aunque escrito esté en la historia,
el hambre ya está latente.
para que no alcen la voz
y vallan al paredón
como pasó con mis tíos.
No quiero revolución
donde el niño y la cebolla
sirvan de canción de cuna
con el marrón de sus hojas.
Ni quiero verter la sangre
del honrado campesino
mientras grita el asesino
dándose golpes de honor.
No quiero sentir el deshonor
de mi lengua marchitada
que entre los libros calladas
la condene algún traidor.
Pero siento el deshonor
de ver y tener que callar
porque no quisiera hurgar
en mi profundo dolor.
No quiero revolución
soy madre y estando de parto
fui sufriendo la pasión
de Jesús en el calvario.
Hurgando entre contracciones
prometí con mí callar
que entre rescoldos no hurgar
la llama de la verdad.
pero veo la libertad
envuelta entre ataduras
del sin vivir en criaturas
y su fe en la lealtad.
De exquisita educación
amamantaba a mis hijos
le di libros en su elección
y de universidad cobijo.
Y hoy se ven mendigando
un puesto en la sociedad,
por la falta de trabajo
se siente con malestar.
Yo los quisiera acunar
con nanas de hadas y duendes
pero entre arrugas de mi frente
siento su inestabilidad.
La nana de la cebolla
ya se las canto a mis nietos
hirviendo están en la olla
y ya su olor es suculento.
Ellas han vuelto a la memoria
porque el olor está presente,
y aunque escrito esté en la historia,
el hambre ya está latente.