Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
He decidido enamorarte.
Flirteos, cuando cae la tarde
danzan, coqueteando entre enredaderas
color a miel y dulzura es tu mirada
esquiva, ocultándose tras las sonrisas.
He decido mirar desde el borde de la cornisa
hacia las simas y hondonadas del misterio
eso eres cuando esbozas en tu boca
desde el fondo de tus labios, una sonrisa.
Te voy a enamorar, pues sabes sonreír
y me obligas a atragantarme con tus
peces voladores y aves malabaristas
de la palabra animada y alocada, como tú y
tus invisibles volantines de la noche
sólo tú y yo los sentimos rozar tus labios
y los míos que te buscan en la inmensidad
del firmamento para volar como un volantón.
Te deseo y enamorar, pues has decidido vivir,
respirando en cada suspiro un segmento
de tiempo y espacios creados por tu mente.
Es a ella a quien quiero enamorar igual:
ese ir y venir entre laberintos colmados de atascos,
es la escultura misma de la encrucijada de la vida;
mas, tú la sabes sortear, pues sospechas el amar.
He decidido enamorarte, pues desafías
toda regla nacida en esta bóveda de Dios
es tu desafío, cual heril erguido con su baqueta,
señalando los hitos de la pasión, en donde
el amor no tiene reglas y es tu deseo más profundo
que no las haya jamás.
Pero sobre todo,
he decidido enamorarte,
pues contaminas con tu luz,
desprendiendo colores y formas
calores que emanan de tu cuerpo
que se mece de lado a abajo, mientras me observas
¡Hay tanto de soterrado en tu aliento!
¡Y es tanto el misterio y el sabor de tus besos!
¡Cómo no he de enamorarte!
Flirteos, cuando cae la tarde
danzan, coqueteando entre enredaderas
color a miel y dulzura es tu mirada
esquiva, ocultándose tras las sonrisas.
He decido mirar desde el borde de la cornisa
hacia las simas y hondonadas del misterio
eso eres cuando esbozas en tu boca
desde el fondo de tus labios, una sonrisa.
Te voy a enamorar, pues sabes sonreír
y me obligas a atragantarme con tus
peces voladores y aves malabaristas
de la palabra animada y alocada, como tú y
tus invisibles volantines de la noche
sólo tú y yo los sentimos rozar tus labios
y los míos que te buscan en la inmensidad
del firmamento para volar como un volantón.
Te deseo y enamorar, pues has decidido vivir,
respirando en cada suspiro un segmento
de tiempo y espacios creados por tu mente.
Es a ella a quien quiero enamorar igual:
ese ir y venir entre laberintos colmados de atascos,
es la escultura misma de la encrucijada de la vida;
mas, tú la sabes sortear, pues sospechas el amar.
He decidido enamorarte, pues desafías
toda regla nacida en esta bóveda de Dios
es tu desafío, cual heril erguido con su baqueta,
señalando los hitos de la pasión, en donde
el amor no tiene reglas y es tu deseo más profundo
que no las haya jamás.
Pero sobre todo,
he decidido enamorarte,
pues contaminas con tu luz,
desprendiendo colores y formas
calores que emanan de tu cuerpo
que se mece de lado a abajo, mientras me observas
¡Hay tanto de soterrado en tu aliento!
¡Y es tanto el misterio y el sabor de tus besos!
¡Cómo no he de enamorarte!