wilson yupanqui
Poeta asiduo al portal
He llorado.
He llorado...
como llora el cielo a una mañana de verano
como el río cuando llega al gran océano,
y el ave que se aleja de su nido
al cual mas nunca ha de volver.
He llorado...
y al beso frío de un otoño imaginado,
roba un suspiro mis eternas soledades
en la vereda muda de un extraño atardecer.
He llorado...
al encontrarte palpitante en mis recuerdos,
en la página olvidada de los dos
y el adiós volaba la cielo, para que lo escuche Dios.
Se acaba mi esperanza perdida en el silencio
y el corazón pregunta porque no pudo ser,
duele el alma el no tenerte aquí a mi lado
pues yo sin ti ya no sé que debo hacer.
He llorado...
frente a las cosas que señalan mi destino
frente al vacío y al recuerdo de tu amor,
junto a las huellas que dejaste en mi camino
y al dolor callado de mi torpe corazón.
Mi pecado fue quererte sin medidas
entregarme a tus deseos sin tabú,
a tus noches de pasiones encendidas
y al fuego ardiente de tu tierna juventud.
Hoy me invade la nostalgia y la agonía
al recordar la triste historia de tu amor,
el sueño marchitado, el beso apasionado
y el eco fulminante de tu adiós.
He llorado amargamente hasta el delirio
y mis ojos han nublado su mirar,
he llorado tristemente este cariño
y mi llanto ensanchan las olas del mar.
He llorado...
como llora el cielo a una mañana de verano
como el río cuando llega al gran océano,
y el ave que se aleja de su nido
al cual mas nunca ha de volver.
He llorado...
y al beso frío de un otoño imaginado,
roba un suspiro mis eternas soledades
en la vereda muda de un extraño atardecer.
He llorado...
al encontrarte palpitante en mis recuerdos,
en la página olvidada de los dos
y el adiós volaba la cielo, para que lo escuche Dios.
Se acaba mi esperanza perdida en el silencio
y el corazón pregunta porque no pudo ser,
duele el alma el no tenerte aquí a mi lado
pues yo sin ti ya no sé que debo hacer.
He llorado...
frente a las cosas que señalan mi destino
frente al vacío y al recuerdo de tu amor,
junto a las huellas que dejaste en mi camino
y al dolor callado de mi torpe corazón.
Mi pecado fue quererte sin medidas
entregarme a tus deseos sin tabú,
a tus noches de pasiones encendidas
y al fuego ardiente de tu tierna juventud.
Hoy me invade la nostalgia y la agonía
al recordar la triste historia de tu amor,
el sueño marchitado, el beso apasionado
y el eco fulminante de tu adiós.
He llorado amargamente hasta el delirio
y mis ojos han nublado su mirar,
he llorado tristemente este cariño
y mi llanto ensanchan las olas del mar.
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