He muerto y he resucitado

R0ME0

Poeta recién llegado
Yo estuve muerto hasta el último día de la semana
y al amanecer resucité de entre los muertos,
afeitado, acicalado y perfumado de Álvarez Gomez,
la piedra que cerraba mi sepulcro había sido removida.

Cuando entraron los vecinos alarmados por mis salmos en voz alta,
estaban desconcertados antes el caso,
pues junto a mi aguardaba una mujer resplandeciente
dándome de comer a la boca cerezas.

— ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?
Me apresuré a decirles con la boca llena.
— No busquéis aquí al muerto, porque he resucitado.
Les expliqué mientras el dulce nectar brotaba por mis labios.

Ellos coléricos y rabiosos por haberme atrevido ir contra natura,
regresaron al pueblo y llevaron la noticia a todos los demás.
Aquella noticia cayó como una herejía, una locura que nadie quería aceptar.
¡Un hombre jugando a ser Dios!

Sólo Pedro se decidió, y echó a correr hacia el sepulcro
y al inclinarse a mirar, me vió rebosante de vida y de cerezas.
y lleno de asombro por lo que había sucedido
me dijo que era un cabronazo.

Tras dos noches de cerezas y rosas,
salí en busca de los que de mi habían renegado
— ¡La paz sea con vosotros!
Sorprendidos y muy asustados, creían estar viendo un fantasma.

— ¿Por qué os asustáis y por qué dudáis tanto en vuestro interior?
Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Tocadme y miradme.
Los fantasmas no tienen carne ni huesos, como veis que yo tengo.
Al decir esto, les mostré mis manos, mis pies, y mi barba cubiertos del dulce almíbar.

El mundo sigue siendo ese lugar inhóspito y cruel,
del que una vez escapé por tres días,
olvidando las envidias, las penas y tristezas
tanto tanto dolor y tan profunda melancolía en mi alma.

Una hembra resplandeciente, una santa, me volvió a la vida,
arropado en su delicado sudario blanco,
mecido como un niño en la cuna,
masticando su dulce almizcle de cerezas amargas.
 
Última edición:
Yo estuve muerto hasta el último día de la semana
y al amanecer resucité de entre los muertos,
afeitado, acicalado y perfumado de Álvarez Gomez,
la piedra que cerraba mi sepulcro había sido removida.

Cuando entraron los vecinos alarmados por mis salmos en voz alta,
estaban desconcertados antes el caso,
pues junto a mi aguardaba una mujer resplandeciente
dándome de comer a la boca cerezas.

— ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?
Me apresuré a decirles con la boca llena.
— No busquéis aquí al muerto, porque he resucitado.
Les expliqué mientras el dulce nectar brotaba por mis labios.

Ellos coléricos y rabiosos por haberme atrevido ir contra natura,
regresaron al pueblo y llevaron la noticia a todos los demás.
Aquella noticia callo como una herejía, una locura que nadie quería aceptar.
¡Un hombre jugando a ser Dios!

Sólo Pedro se decidió, y echó a correr hacia el sepulcro
y al inclinarse a mirar, me vió rebosante de vida y de cerezas.
y lleno de asombro por lo que había sucedido
me dijo que era un cabronazo.

Tras dos noches de cerezas y rosas,
salí en busca de los que de mi habían renegado
— ¡La paz sea con vosotros!
Sorprendidos y muy asustados, creían estar viendo un fantasma.

— ¿Por qué os asustáis y por qué dudáis tanto en vuestro interior?
Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Tocadme y miradme.
Los fantasmas no tienen carne ni huesos, como veis que yo tengo.
Al decir esto, les mostré mis manos, mis pies, y mi barba cubiertos del dulce almíbar.

El mundo sigue siendo ese lugar inhóspito,
del que una vez escapé por tres días,
olvidando envidias, penas y tristezas
tanto tanto dolor y tan profunda melancolía.

Una hembra me volvió a la vida,
arropado en un delicado sudario blanco,
mecido como un niño en una cuna,
masticando su dulce nectar de cerezas.

— ¿A caso tenéis aquí algo de comer?

Buenas noches
Tus horribles letras están en mi camino para leerlas
AHora me voy a dormir, mañana las leere
Hasta mañana
 
Yo estuve muerto hasta el último día de la semana
y al amanecer resucité de entre los muertos,
afeitado, acicalado y perfumado de Álvarez Gomez,
la piedra que cerraba mi sepulcro había sido removida.

Cuando entraron los vecinos alarmados por mis salmos en voz alta,
estaban desconcertados antes el caso,
pues junto a mi aguardaba una mujer resplandeciente
dándome de comer a la boca cerezas.

— ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?
Me apresuré a decirles con la boca llena.
— No busquéis aquí al muerto, porque he resucitado.
Les expliqué mientras el dulce nectar brotaba por mis labios.

Ellos coléricos y rabiosos por haberme atrevido ir contra natura,
regresaron al pueblo y llevaron la noticia a todos los demás.
Aquella noticia cayó como una herejía, una locura que nadie quería aceptar.
¡Un hombre jugando a ser Dios!

Sólo Pedro se decidió, y echó a correr hacia el sepulcro
y al inclinarse a mirar, me vió rebosante de vida y de cerezas.
y lleno de asombro por lo que había sucedido
me dijo que era un cabronazo.

Tras dos noches de cerezas y rosas,
salí en busca de los que de mi habían renegado
— ¡La paz sea con vosotros!
Sorprendidos y muy asustados, creían estar viendo un fantasma.

— ¿Por qué os asustáis y por qué dudáis tanto en vuestro interior?
Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Tocadme y miradme.
Los fantasmas no tienen carne ni huesos, como veis que yo tengo.
Al decir esto, les mostré mis manos, mis pies, y mi barba cubiertos del dulce almíbar.

El mundo sigue siendo ese lugar inhóspito y cruel,
del que una vez escapé por tres días,
olvidando las envidias, las penas y tristezas
tanto tanto dolor y tan profunda melancolía en mi alma.

Una hembra resplandeciente, una santa, me volvió a la vida,
arropado en su delicado sudario blanco,
mecido como un niño en la cuna,
masticando su dulce almizcle de cerezas amargas.
 
Magnífico poema, el amor y la fe mueven montañas, para aquellos escépticos que no creen en nada y mucho menos en el milagro de la vida. Felicitaciones Romeo por su magnífica poesía, saludos Daniel
 
Magnífico poema, el amor y la fe mueven montañas, para aquellos escépticos que no creen en nada y mucho menos en el milagro de la vida. Felicitaciones Romeo por su magnífica poesía, saludos Daniel
Muy amable como siempre estimado Daniel. La vida es un milagro, y yo me empeño en celebrarlo cada día como bien merece. Un cordial saludo.
 

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