sdontleo
Poeta fiel al portal
Regresé por tu calor,
enarbolado dulce ondina,
hacia dónde estabas tú
y el sepulcro que me anida.
Y presuroso por rozar tu vientre,
dejé el aliento tras la puerta,
y me arrullé en la flama
que resbala de tus labios hacia el paso.
Suavemente el alma muere,
y tu voz me marca como Luz María.
Tus caricias no me aflojan la osadía,
pues serás mía, aunque muerto fuere.
Desechando las sayuelas,
y los cuerpos frente al mar
encabalgados sobre el polvo;
sal y arena, somos como el viento.
Esto es un pecado doña mía,
un pecado hecho alegría,
pero aún así no importa,
no importa, niña melodía,
pues ya he mordido en blandos sueños
tu atracción en fechoría.
Niña mía,
aún he osado con mirarte entre los días,
recorrer tus lunes como un huerto,
dibujar mis manos en tu cuerpo
aunque tú no seas mía.
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