Apócope de sobrenombres...
melodías de redundancia
golpes cobardes de hombres
misérrima escazes... parodigma de abundancia.
Perro quizá lazarillo,
anda, ¡corre! rodea a tu dicha,
dile que he vuelto,
no para quedarme; sino para morir.
¡Viento!, no soples aires frios,
tampoco me enbarques en turbios ríos;
déjame volver, déjame pues, ya que mis entrañas
están carcomidas, ¡déjame ya!...
que los gallinazos sin plumas me comienzan a intrigar...
Árboles que ignoran, que callan,
que no consuelan y engañan,
al menos; tiren hojas secas en primavera...
que aquello sea mi lecho,
lecho el cual quisiera que veas.
El dolor ya me tumba,
me arrastra y me zumba,
y el perro y el lazarrillo me miran,
y en su jadeo y en su mirada
me dicen: has vuelto...
melodías de redundancia
golpes cobardes de hombres
misérrima escazes... parodigma de abundancia.
Perro quizá lazarillo,
anda, ¡corre! rodea a tu dicha,
dile que he vuelto,
no para quedarme; sino para morir.
¡Viento!, no soples aires frios,
tampoco me enbarques en turbios ríos;
déjame volver, déjame pues, ya que mis entrañas
están carcomidas, ¡déjame ya!...
que los gallinazos sin plumas me comienzan a intrigar...
Árboles que ignoran, que callan,
que no consuelan y engañan,
al menos; tiren hojas secas en primavera...
que aquello sea mi lecho,
lecho el cual quisiera que veas.
El dolor ya me tumba,
me arrastra y me zumba,
y el perro y el lazarrillo me miran,
y en su jadeo y en su mirada
me dicen: has vuelto...