Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Helena.
Se escondía el sol en el horizonte
como gigantesca naranja madura.
En la agreste llanura corre el bisonte,
y tú, aquí, te desbordas en ternura.
No hay labios con sabor a mieles
que se parezcan a los tuyos,
ni tienen de las rosas los capullos
la suavidad de tus pieles.
Eres incomparable, mi dulce Helena,
tu voz penetra en mi oído,
como el ruiseñor en el jardín florido
que canta en dulce y alegre faena.
Se escondió el sol en el horizonte,
y surgió la luna como hostia pura.
Perdió su imperio el dios bifronte,
y tú, aquí, te desbordas en ternura.
2 de marzo de 1974
Se escondía el sol en el horizonte
como gigantesca naranja madura.
En la agreste llanura corre el bisonte,
y tú, aquí, te desbordas en ternura.
No hay labios con sabor a mieles
que se parezcan a los tuyos,
ni tienen de las rosas los capullos
la suavidad de tus pieles.
Eres incomparable, mi dulce Helena,
tu voz penetra en mi oído,
como el ruiseñor en el jardín florido
que canta en dulce y alegre faena.
Se escondió el sol en el horizonte,
y surgió la luna como hostia pura.
Perdió su imperio el dios bifronte,
y tú, aquí, te desbordas en ternura.
2 de marzo de 1974