Paulo Meyer
Poeta recién llegado
El ingeniero desapareció
definitivamente,
y la extraña luz no se aparta de nosotros.
La agonía se hace patente,
aquí están sucediendo cosas raras.
El capitán a ordenado andar de a dos,
siempre.
Cruzamos el límite de la cordura,
y al parecer algo no nos quiere en este sector.
Los tres años de viaje nos han quitado algunas imágenes necesarias.
las ancladas en el tálamo,
lo proto natural arrebatado está pasando la cuenta.
Al parecer el cerebro despojado de sensaciones orgánicas fenece ante la desesperación.
Las bajas cuentan seis,
y algunos ya presentan los síntomas.
Mirada fija,
sonrisa vacía estrecha,
paseos sin dirección alguna,
y más sonrisas vacías.
Todos los tripulantes se refugiaron en sus cuartos.
La técnico Mirka está sentada en mi habitación
habla en susurros.
Los necesarios están en el puente de mando,
dudo que resistan mucho ahí
el silencio atroz del éter nos ataca desde todos los flancos,
pronto va suceder,
nos acecha un tiempo sin palabras,
sin forma.
Somos nosotros sin el componente que nos ensambla.
Es irónico nunca hubo monstruos,
jamás entidades horrorosas
es Mirka llorando en mi hombro ,
con el miedo rasgándole la espalda.
La luz verdosa no se aparta del HELIOS
hoy se activo el sistema de navegación automática,
el capitán no responde el comunicador,
la nave se conduce sola.
Somos totalmente prescindibles.
Ahora entiendo lo que somos ante este infinito indescriptible,
pero es tarde para alegrarse por eso.
Mirka se fue.
y la extraña luz no se aparta de nosotros.
La agonía se hace patente,
aquí están sucediendo cosas raras.
El capitán a ordenado andar de a dos,
siempre.
Cruzamos el límite de la cordura,
y al parecer algo no nos quiere en este sector.
Los tres años de viaje nos han quitado algunas imágenes necesarias.
las ancladas en el tálamo,
lo proto natural arrebatado está pasando la cuenta.
Al parecer el cerebro despojado de sensaciones orgánicas fenece ante la desesperación.
Las bajas cuentan seis,
y algunos ya presentan los síntomas.
Mirada fija,
sonrisa vacía estrecha,
paseos sin dirección alguna,
y más sonrisas vacías.
Todos los tripulantes se refugiaron en sus cuartos.
La técnico Mirka está sentada en mi habitación
habla en susurros.
Los necesarios están en el puente de mando,
dudo que resistan mucho ahí
el silencio atroz del éter nos ataca desde todos los flancos,
pronto va suceder,
nos acecha un tiempo sin palabras,
sin forma.
Somos nosotros sin el componente que nos ensambla.
Es irónico nunca hubo monstruos,
jamás entidades horrorosas
es Mirka llorando en mi hombro ,
con el miedo rasgándole la espalda.
La luz verdosa no se aparta del HELIOS
hoy se activo el sistema de navegación automática,
el capitán no responde el comunicador,
la nave se conduce sola.
Somos totalmente prescindibles.
Ahora entiendo lo que somos ante este infinito indescriptible,
pero es tarde para alegrarse por eso.
Mirka se fue.