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Henos aquí




Prohibido,
pausado,
relato exprimido.
Sacado de las fauces del felino dormido.

Recibo,
residuos,
es lo que yo percibo.
Mientras más grande y vil más adictivo.

No pienso y digo,
actor y testigo,
justicia no persigo.
Es poco sabio quien compra a un amigo.

Me voy.
Me doy,
sabiendo lo que soy.
No hice ayer ni haré mañana lo que hago hoy.

Te vi,
cedí,
el ritmo ya perdí.
Lo que no pudiste arrebatarme, barato lo vendí.

A su estilo,
pide asilo,
tu alma en vilo.
Antes de marcharte, por amor propio, dilo.

Espero,
primero,
a que el mar seque entero
antes de oír decir de ti algo verdadero.

Cabello de plata,
memoria desata,
la tuya sepulta, la mía rescata.
Mi olvido, al final de cuentas, no mata.

Tenue lucero,
sendero de arriero.
Suero para el seco cuero.
Muero, simplemente, porque así lo quiero.

Luz brilla,
del lago a orillas;
tu reflejo recorre millas.
Manto blanco, una mesa y dos sillas.

Henos aquí,
sin ganas de herir,
sin nada qué decir,
sin dejar de sonreír.


 
Última edición:



Prohibido,
pausado,
relato exprimido.
Sacado de las fauces del felino dormido.

Recibo,
residuos,
es lo que yo percibo.
Mientras más grande y vil más adictivo.

No pienso y digo,
actor y testigo,
justicia no persigo.
Es poco sabio quien compra a un amigo.

Me voy.
Me doy,
sabiendo lo que soy.
No hice ayer ni haré mañana lo que hago hoy.

Te vi,
cedí,
el ritmo ya perdí.
Lo que no pudiste arrebatarme, barato lo vendí.

A su estilo,
pide asilo,
tu alma en vilo.
Antes de marcharte, por amor propio, dilo.

Espero,
primero,
a que el mar seque entero
antes de oír decir de tí algo verdadero.

Cabello de plata,
memoria desata,
la tuya sepulta, la mía rescata.
Mi olvido, al final de cuentas, no mata.

Tenue lucero,
sendero de arriero.
Suero para el seco cuero.
Muero, simplemente, porque así lo quiero.

Luz brilla,
del lago a orillas;
tu reflejo recorre millas.
Manto blanco, una mesa y dos sillas.

Henos aquí,
sin ganas de herir,
sin nada qué decir,
sin dejar de sonreír.


Duele mucho esa sonrisa despareja, desprecio, orgullo, calentura, enojo y perder el amor por no escuchar, pero así somos los seres humanos, renunciamos a todo por no dar el brazo a torcer. Felicitaciones Sergio por está triste poesía de desahogo que deja muy claro ambos sentimientos y sus valores. Saludos Daniel
 



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Sacado de las fauces del felino dormido.

Recibo,
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es lo que yo percibo.
Mientras más grande y vil más adictivo.

No pienso y digo,
actor y testigo,
justicia no persigo.
Es poco sabio quien compra a un amigo.

Me voy.
Me doy,
sabiendo lo que soy.
No hice ayer ni haré mañana lo que hago hoy.

Te vi,
cedí,
el ritmo ya perdí.
Lo que no pudiste arrebatarme, barato lo vendí.

A su estilo,
pide asilo,
tu alma en vilo.
Antes de marcharte, por amor propio, dilo.

Espero,
primero,
a que el mar seque entero
antes de oír decir de tí algo verdadero.

Cabello de plata,
memoria desata,
la tuya sepulta, la mía rescata.
Mi olvido, al final de cuentas, no mata.

Tenue lucero,
sendero de arriero.
Suero para el seco cuero.
Muero, simplemente, porque así lo quiero.

Luz brilla,
del lago a orillas;
tu reflejo recorre millas.
Manto blanco, una mesa y dos sillas.

Henos aquí,
sin ganas de herir,
sin nada qué decir,
sin dejar de sonreír.


Buenas tardes
Tus bellas letras se me cruzan en mi espacio, para leertlas
Un placer hacerlo
Gracias por ponerlas en mi camino
Un saludo
 



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Sacado de las fauces del felino dormido.

Recibo,
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es lo que yo percibo.
Mientras más grande y vil más adictivo.

No pienso y digo,
actor y testigo,
justicia no persigo.
Es poco sabio quien compra a un amigo.

Me voy.
Me doy,
sabiendo lo que soy.
No hice ayer ni haré mañana lo que hago hoy.

Te vi,
cedí,
el ritmo ya perdí.
Lo que no pudiste arrebatarme, barato lo vendí.

A su estilo,
pide asilo,
tu alma en vilo.
Antes de marcharte, por amor propio, dilo.

Espero,
primero,
a que el mar seque entero
antes de oír decir de tí algo verdadero.

Cabello de plata,
memoria desata,
la tuya sepulta, la mía rescata.
Mi olvido, al final de cuentas, no mata.

Tenue lucero,
sendero de arriero.
Suero para el seco cuero.
Muero, simplemente, porque así lo quiero.

Luz brilla,
del lago a orillas;
tu reflejo recorre millas.
Manto blanco, una mesa y dos sillas.

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sin ganas de herir,
sin nada qué decir,
sin dejar de sonreír.



Excelentes reflexiones en estos melodiosos versos. Un placer leer tu obra, amigo Sergio, enhorabuena. Un abrazo.
 



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Sacado de las fauces del felino dormido.

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es lo que yo percibo.
Mientras más grande y vil más adictivo.

No pienso y digo,
actor y testigo,
justicia no persigo.
Es poco sabio quien compra a un amigo.

Me voy.
Me doy,
sabiendo lo que soy.
No hice ayer ni haré mañana lo que hago hoy.

Te vi,
cedí,
el ritmo ya perdí.
Lo que no pudiste arrebatarme, barato lo vendí.

A su estilo,
pide asilo,
tu alma en vilo.
Antes de marcharte, por amor propio, dilo.

Espero,
primero,
a que el mar seque entero
antes de oír decir de tí algo verdadero.

Cabello de plata,
memoria desata,
la tuya sepulta, la mía rescata.
Mi olvido, al final de cuentas, no mata.

Tenue lucero,
sendero de arriero.
Suero para el seco cuero.
Muero, simplemente, porque así lo quiero.

Luz brilla,
del lago a orillas;
tu reflejo recorre millas.
Manto blanco, una mesa y dos sillas.

Henos aquí,
sin ganas de herir,
sin nada qué decir,
sin dejar de sonreír.


Este poema debe llevar música, por huevos.
Rapeando un rato, a la vuelta de los riscos, te leo.

Memorias,
olvidos,
resumen lo vivido.
Aquí andamos, con la sonrisa en ciernes
y compases decididos.

Un saludote, Good... al compás de tus versos.
 



Prohibido,
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Sacado de las fauces del felino dormido.

Recibo,
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es lo que yo percibo.
Mientras más grande y vil más adictivo.

No pienso y digo,
actor y testigo,
justicia no persigo.
Es poco sabio quien compra a un amigo.

Me voy.
Me doy,
sabiendo lo que soy.
No hice ayer ni haré mañana lo que hago hoy.

Te vi,
cedí,
el ritmo ya perdí.
Lo que no pudiste arrebatarme, barato lo vendí.

A su estilo,
pide asilo,
tu alma en vilo.
Antes de marcharte, por amor propio, dilo.

Espero,
primero,
a que el mar seque entero
antes de oír decir de ti algo verdadero.

Cabello de plata,
memoria desata,
la tuya sepulta, la mía rescata.
Mi olvido, al final de cuentas, no mata.

Tenue lucero,
sendero de arriero.
Suero para el seco cuero.
Muero, simplemente, porque así lo quiero.

Luz brilla,
del lago a orillas;
tu reflejo recorre millas.
Manto blanco, una mesa y dos sillas.

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sin nada qué decir,
sin dejar de sonreír.


Personalísimo y con un estilo muy propio. Me ha gustado mucho este poema porque refleja una manera muy especial de componer, de transmitir sensaciones y de ser un poeta con mucho que ofrecer y mucho más que decir. Enhorabuena. Un abrazo.
Xesús
 



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Sacado de las fauces del felino dormido.

Recibo,
residuos,
es lo que yo percibo.
Mientras más grande y vil más adictivo.

No pienso y digo,
actor y testigo,
justicia no persigo.
Es poco sabio quien compra a un amigo.

Me voy.
Me doy,
sabiendo lo que soy.
No hice ayer ni haré mañana lo que hago hoy.

Te vi,
cedí,
el ritmo ya perdí.
Lo que no pudiste arrebatarme, barato lo vendí.

A su estilo,
pide asilo,
tu alma en vilo.
Antes de marcharte, por amor propio, dilo.

Espero,
primero,
a que el mar seque entero
antes de oír decir de ti algo verdadero.

Cabello de plata,
memoria desata,
la tuya sepulta, la mía rescata.
Mi olvido, al final de cuentas, no mata.

Tenue lucero,
sendero de arriero.
Suero para el seco cuero.
Muero, simplemente, porque así lo quiero.

Luz brilla,
del lago a orillas;
tu reflejo recorre millas.
Manto blanco, una mesa y dos sillas.

Henos aquí,
sin ganas de herir,
sin nada qué decir,
sin dejar de sonreír.


Te veo en los brazos del amor. Saludos. Un gusto pasar por acá y leerte.
 



Prohibido,
pausado,
relato exprimido.
Sacado de las fauces del felino dormido.

Recibo,
residuos,
es lo que yo percibo.
Mientras más grande y vil más adictivo.

No pienso y digo,
actor y testigo,
justicia no persigo.
Es poco sabio quien compra a un amigo.

Me voy.
Me doy,
sabiendo lo que soy.
No hice ayer ni haré mañana lo que hago hoy.

Te vi,
cedí,
el ritmo ya perdí.
Lo que no pudiste arrebatarme, barato lo vendí.

A su estilo,
pide asilo,
tu alma en vilo.
Antes de marcharte, por amor propio, dilo.

Espero,
primero,
a que el mar seque entero
antes de oír decir de ti algo verdadero.

Cabello de plata,
memoria desata,
la tuya sepulta, la mía rescata.
Mi olvido, al final de cuentas, no mata.

Tenue lucero,
sendero de arriero.
Suero para el seco cuero.
Muero, simplemente, porque así lo quiero.

Luz brilla,
del lago a orillas;
tu reflejo recorre millas.
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sin nada qué decir,
sin dejar de sonreír.


Muy buen poema estimado poeta. Un abrazo con la pluma del alma
 
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