Manuel Vicente Quezada M.
Poeta recién llegado
Usurpadoras de la superficie; las estrellas se cristalizaron.
Resplandecientes juegan a colorear el paisaje vacio.
El tiempo, agonizante, vaga por la estancia. Sediento de tumbas y cunas;
mi grito ha suspendido, en un mar de congelado precipicio.
La distancia en mis pupilas ha danzado, y muerto cada vez que el
lejano horizonte la ha dispersado.
Inescrutable naturaleza, a los que con el pensamiento te han provocado, con
un beso salvaje de tu guillotina has sepultado.
Y con la mente ensangrentada por la violación de tu enigma,
te escribo estos vulgares versos en agradecimiento.
Resplandecientes juegan a colorear el paisaje vacio.
El tiempo, agonizante, vaga por la estancia. Sediento de tumbas y cunas;
mi grito ha suspendido, en un mar de congelado precipicio.
La distancia en mis pupilas ha danzado, y muerto cada vez que el
lejano horizonte la ha dispersado.
Inescrutable naturaleza, a los que con el pensamiento te han provocado, con
un beso salvaje de tu guillotina has sepultado.
Y con la mente ensangrentada por la violación de tu enigma,
te escribo estos vulgares versos en agradecimiento.
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