laprincesadelasletras
Poeta recién llegado
Sigilosamente vagaba en la nada,
Como el promiscuo silencio,
Que besa las horas de los amantes,
Que se funde en el rumor de sus lamentos.
Se tornaba negra mi senda,
Tan negra que mi ánimo envejecía,
La luna se volvía de color escarlata,
Del color de tu boca enardecida.
Me ha traicionado el equilibrio,
Una escoriación ha invadido mi rodilla,
¿Cómo es que la sangre no ha corrido?
Brotan destellos preciosos de alegría,
Que contagian esta senda tan vacía,
Embriagada a lo sumo de tu vida.
¡Bendita sea esta dolorosa herida!
Abierta por una mentira punzante,
De veneno y hiel embalsamada,
Acceso pronto me ofreció a tus verdades.
Hubo instantes en que las nubes,
Lívidas como las galas de una virgen,
Se apareaban en un lecho de sábanas azules;
Iban y venían como las muecas del que finge.
Gemían y bramaban, lloraban y reían
Abrían sus entrañas y gotitas se escapaban,
Picaban en mi rodilla, picaban en mi llaga,
Pretenciosas se escurrían para provocar ardor,
Se evaporaban prestas abrasadas por tu amor.
Como el promiscuo silencio,
Que besa las horas de los amantes,
Que se funde en el rumor de sus lamentos.
Se tornaba negra mi senda,
Tan negra que mi ánimo envejecía,
La luna se volvía de color escarlata,
Del color de tu boca enardecida.
Me ha traicionado el equilibrio,
Una escoriación ha invadido mi rodilla,
¿Cómo es que la sangre no ha corrido?
Brotan destellos preciosos de alegría,
Que contagian esta senda tan vacía,
Embriagada a lo sumo de tu vida.
¡Bendita sea esta dolorosa herida!
Abierta por una mentira punzante,
De veneno y hiel embalsamada,
Acceso pronto me ofreció a tus verdades.
Hubo instantes en que las nubes,
Lívidas como las galas de una virgen,
Se apareaban en un lecho de sábanas azules;
Iban y venían como las muecas del que finge.
Gemían y bramaban, lloraban y reían
Abrían sus entrañas y gotitas se escapaban,
Picaban en mi rodilla, picaban en mi llaga,
Pretenciosas se escurrían para provocar ardor,
Se evaporaban prestas abrasadas por tu amor.