Maloy
Poeta recién llegado
Oh musa agonizante y destartalada,
he aquí lo que ha sido escrito con sangre
sobre la memoria distante de tu espalda arqueada.
Puedo aún recordar aquella tarde;
indolente espectro de mis taciturnas noches,
en que apareciste condenada por vestigios incurables
y con tus infames pupilas desdoblaste mi universo;
fue así que te convertiste, rosa marchita y efímera,
en la lóbrega matrona de mis incontables lágrimas.
Y ahora pues que la Parca ha acudido a mi llamado;
pueden oírse a lo lejos sus atemorizantes alaridos
y puede vérsele sentada en su carruaje pesado y sombrío
con sus muslos abiertos y su vientre sudoroso
llamándome a sellar con un beso nuestra antigua promesa.
He aquí que decido; impulsado por tus quimeras y el hastío,
acabar con el soplo de vida que le había sido prestado
a aquella parte de mí que te veneraba sobre todo,
poniendo fin; de una vez por todas,
a la paria vida en la que reinó el llanto;
y te dejo como herencia innegable y duradera
infinidad de sueños rotos atrapados en poemas.
Intransigente doncella de innombrables oficios,
dulce hermana de la hermosa Delia,
ahora que la muerte promete alimentarme de su seno
sólo deseo que el destino se apiade de ti y salve tu esencia,
y que la lanza cegadora de la inagotable Némesis
[FONT="]no ofenda nunca tu gracia o tu poco sincera belleza.
he aquí lo que ha sido escrito con sangre
sobre la memoria distante de tu espalda arqueada.
Puedo aún recordar aquella tarde;
indolente espectro de mis taciturnas noches,
en que apareciste condenada por vestigios incurables
y con tus infames pupilas desdoblaste mi universo;
fue así que te convertiste, rosa marchita y efímera,
en la lóbrega matrona de mis incontables lágrimas.
Y ahora pues que la Parca ha acudido a mi llamado;
pueden oírse a lo lejos sus atemorizantes alaridos
y puede vérsele sentada en su carruaje pesado y sombrío
con sus muslos abiertos y su vientre sudoroso
llamándome a sellar con un beso nuestra antigua promesa.
He aquí que decido; impulsado por tus quimeras y el hastío,
acabar con el soplo de vida que le había sido prestado
a aquella parte de mí que te veneraba sobre todo,
poniendo fin; de una vez por todas,
a la paria vida en la que reinó el llanto;
y te dejo como herencia innegable y duradera
infinidad de sueños rotos atrapados en poemas.
Intransigente doncella de innombrables oficios,
dulce hermana de la hermosa Delia,
ahora que la muerte promete alimentarme de su seno
sólo deseo que el destino se apiade de ti y salve tu esencia,
y que la lanza cegadora de la inagotable Némesis
[FONT="]no ofenda nunca tu gracia o tu poco sincera belleza.