dragon_ecu
Esporádico permanente
Un crimen se oculta
a plena vista.
Una tarde cualquiera,
de un día cualquiera,
en un sitio cualquiera...
Reunidos cuatro amigos
a conversar con tragos y picadas
que el trabajo
que la pareja
o una aventura
para no aburrirse.
Ellas dos,
ellos dos.
Doctora, enfermero,
rescatista y laboratorista.
Compañeros del cole
que coincidieron vaya suerte
en un mismo hospital.
Las miradas se vuelven intensas
entre brillos de alcohol,
sugiriendo travesuras,
que alguna vez soñaron.
La conversación se enfría
y toma un giro sombrío
por las noticias chinas
de una rara enfermedad
que anuncia el televisor.
Pasado el momento
regresan a su turno.
Un llamado a recoger
a un paciente en asfixia,
será el desencadenante
de mil y un temores.
Tocarlo, llevarle.
Revisarlo, manipular su sangre.
Cada paso encierra,
un peligro potencial.
Sentir como los pulmones
se inflaman de vacío,
quemando la garganta
por el roce
de un tubo de goma.
Que no hay guantes,
ni respiradores,
ni mascarillas.
Una funda plástica,
una bomba de pedal,
un trapo de liencillo...
El aire escasea
a pesar de su abundancia.
Todo esfuerzo vale
por salvar ahogada vida
la de aquellos que reposan
en camillas improvisadas...
todo se vale arriesgar
incluso su propia existencia.
Se extingue el aliento
en tanto el silencio se impone.
De los cuatro,
solo dos volverían.
En otra mesa en cambio,
hay risas de satisfacción y disfrute,
mientras devoran langostas.
a plena vista.
Una tarde cualquiera,
de un día cualquiera,
en un sitio cualquiera...
Reunidos cuatro amigos
a conversar con tragos y picadas
que el trabajo
que la pareja
o una aventura
para no aburrirse.
Ellas dos,
ellos dos.
Doctora, enfermero,
rescatista y laboratorista.
Compañeros del cole
que coincidieron vaya suerte
en un mismo hospital.
Las miradas se vuelven intensas
entre brillos de alcohol,
sugiriendo travesuras,
que alguna vez soñaron.
La conversación se enfría
y toma un giro sombrío
por las noticias chinas
de una rara enfermedad
que anuncia el televisor.
Pasado el momento
regresan a su turno.
Un llamado a recoger
a un paciente en asfixia,
será el desencadenante
de mil y un temores.
Tocarlo, llevarle.
Revisarlo, manipular su sangre.
Cada paso encierra,
un peligro potencial.
Sentir como los pulmones
se inflaman de vacío,
quemando la garganta
por el roce
de un tubo de goma.
Que no hay guantes,
ni respiradores,
ni mascarillas.
Una funda plástica,
una bomba de pedal,
un trapo de liencillo...
El aire escasea
a pesar de su abundancia.
Todo esfuerzo vale
por salvar ahogada vida
la de aquellos que reposan
en camillas improvisadas...
todo se vale arriesgar
incluso su propia existencia.
Se extingue el aliento
en tanto el silencio se impone.
De los cuatro,
solo dos volverían.
En otra mesa en cambio,
hay risas de satisfacción y disfrute,
mientras devoran langostas.