ludmila
Poeta veterano en el portal
Oblicuos travesaños del alma
donde me unge un destino predeterminado.
Un anuncio de pérdidas
un obstáculo en la lengua del gineceo
un amor desvencijado
una palabra mortífera
un caldo de arrebatos
un escalofrío de cenizas.
Un poema desteñido
por el calvario de tus alas.
Acontecimiento
que desaloja
la fluorescencia de cada mañana.
Una estructura desmembrada,
un plumaje mojado
que se desorbita de la elipse
de mis encantos.
La magia y el dolor
están servidos sobre la mesa
En el esquinero calvo
sobre los estantes
un abrojo de entendimientos colapsados.
Un augurio de comienzos desorientados.
Un clavel que sangra
a la luz del estrépito del amianto.
Rebota el atardecer genuino
como antes del comienzo.
Siento la penumbra
como el aquelarre de las mariposas.
Una herida,
una cicatriz que se cose a si misma
como todas las hilachas del recuerdo.
Algo se parece a aquella niña
que vestida de rojo en el espejo
se durmió en la silla
de sus antiguos sueños
donde me unge un destino predeterminado.
Un anuncio de pérdidas
un obstáculo en la lengua del gineceo
un amor desvencijado
una palabra mortífera
un caldo de arrebatos
un escalofrío de cenizas.
Un poema desteñido
por el calvario de tus alas.
Acontecimiento
que desaloja
la fluorescencia de cada mañana.
Una estructura desmembrada,
un plumaje mojado
que se desorbita de la elipse
de mis encantos.
La magia y el dolor
están servidos sobre la mesa
En el esquinero calvo
sobre los estantes
un abrojo de entendimientos colapsados.
Un augurio de comienzos desorientados.
Un clavel que sangra
a la luz del estrépito del amianto.
Rebota el atardecer genuino
como antes del comienzo.
Siento la penumbra
como el aquelarre de las mariposas.
Una herida,
una cicatriz que se cose a si misma
como todas las hilachas del recuerdo.
Algo se parece a aquella niña
que vestida de rojo en el espejo
se durmió en la silla
de sus antiguos sueños