Casi a tientas lo indago entre el ovillo,
se enmaraña entre mis dedos,
develando el recuerdo que entre ellos
se frota.
Lo cojo entre mis yemas, casi a tientas,
se quiere bifurcar, descabellar y terminar
en el aire,
pero necesito traerlo a donde pertenece
retenerlo en el tiempo y germinar
el aspecto de la simpleza entre mis
pensamientos.
Recuerdo pero la pulcritud lo socava
en su ironía
en su petulancia,
que intuye la presunción
de fermentar sus raíces, permitir sus
ancestros y despertar muertos.
Pues el ovillo casi descubierto
se pende de un hilo,
meciendo la fingida condición
de alentar su reflujo.
Pero mis brazos se determinan en
hilos de sangre,
que aglomeran sus propios recuerdos
y hacen suyo el hilo cortante.
Es como el recuerdo se hace costumbre.
se enmaraña entre mis dedos,
develando el recuerdo que entre ellos
se frota.
Lo cojo entre mis yemas, casi a tientas,
se quiere bifurcar, descabellar y terminar
en el aire,
pero necesito traerlo a donde pertenece
retenerlo en el tiempo y germinar
el aspecto de la simpleza entre mis
pensamientos.
Recuerdo pero la pulcritud lo socava
en su ironía
en su petulancia,
que intuye la presunción
de fermentar sus raíces, permitir sus
ancestros y despertar muertos.
Pues el ovillo casi descubierto
se pende de un hilo,
meciendo la fingida condición
de alentar su reflujo.
Pero mis brazos se determinan en
hilos de sangre,
que aglomeran sus propios recuerdos
y hacen suyo el hilo cortante.
Es como el recuerdo se hace costumbre.