Del sol sólo quedan viejos retazos;
ha muerto en la frialdad del cielo,
ha muerto en la tristeza del tiempo
y se ha vuelto noche.
Del amor sólo hablan libros arcaicos;
entidad interfecta, ininteligible,
nunca nadie te comprendió,
solo yo, y por eso me creen loco.
Monomaniático, incomprensible,
enfermo de dolores invisibles que solo
mi álter ego es capaz de apaciguar
en versos esquizofrénicos.
Mis dolencias y yo en una perífrasis
perenne, en un envite por mi alma;
que importancia tiene ahora perder
si la angustia y el amargor me abusan.
Del sufrimiento prefiero callar mientras
me desplomo en el suplicio que me
provoca el destierro de las estrellas,
falsas estrellas, inexistentes.
Del recuerdo sólo renuncian
los desmemoriados como yo;
el olvido prolifera en múltiples antifaces y,
nebulizado, gotea en mis entrañas.
Estólido, aturdido, cansado de castigos
que nadie sufre, solamente mi cuerpo y mente;
sobreviviré con la sangre que
derraman mis heridas artificiales.
Excéntrico, agobiado, me rindo ante la
desolación y me entrego a la muerte;
no soporto el calvario de la noche, que una vez fue día...,
que una vez me vio feliz.
ha muerto en la frialdad del cielo,
ha muerto en la tristeza del tiempo
y se ha vuelto noche.
Del amor sólo hablan libros arcaicos;
entidad interfecta, ininteligible,
nunca nadie te comprendió,
solo yo, y por eso me creen loco.
Monomaniático, incomprensible,
enfermo de dolores invisibles que solo
mi álter ego es capaz de apaciguar
en versos esquizofrénicos.
Mis dolencias y yo en una perífrasis
perenne, en un envite por mi alma;
que importancia tiene ahora perder
si la angustia y el amargor me abusan.
Del sufrimiento prefiero callar mientras
me desplomo en el suplicio que me
provoca el destierro de las estrellas,
falsas estrellas, inexistentes.
Del recuerdo sólo renuncian
los desmemoriados como yo;
el olvido prolifera en múltiples antifaces y,
nebulizado, gotea en mis entrañas.
Estólido, aturdido, cansado de castigos
que nadie sufre, solamente mi cuerpo y mente;
sobreviviré con la sangre que
derraman mis heridas artificiales.
Excéntrico, agobiado, me rindo ante la
desolación y me entrego a la muerte;
no soporto el calvario de la noche, que una vez fue día...,
que una vez me vio feliz.