Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Destellos primitivos y prístinos
en tu boca de plata, piel que cubre mis puentes,
oh salmódico numen de las vírgenes,
naces ya de la agónica inmersión en mis sentidos,
sofocadas visiones,
forzadas a ver vientos,
tempestades empíricas.
Mi mirada te acerca sin que tú te aproximes,
como un cuchillo taja las arterias,
mis venas implosionan,
llevo dentro unigénitos sonidos
que me ilustran de ti.
Cobro formas de soles,
del orden natural de las inmensidades
más sacras, que quizás en otra vida
eran solo semilla.
Flor en luna, he sembrado tu jardín,
en los silos, el grano del recuerdo,
para así no olvidar tan solo una,
tu mirada, que tan polinizada,
ha convertido en un caleidoscopio
mis fatigas, mis ansias y deseos.
Lo único que me queda de este humilde abolengo
es la raza inhumana de tu carne,
sufridor, oh, mi arte, de la esencia.
Nunca me quedo a solas con la nada.
Difusa fuiste, como esos borrones
que la tinta desboca.
De tu beso, esplendor, de la tortuosa
eternidad que puede unir montañas,
reincidencias que el tiempo deshabita,
me resta tutelar su voluntad,
como ese alma que habla por tu boca,
mi sigilo es oscuro y transparente.
Si quisiera encontrarte jamás me buscaría.
en tu boca de plata, piel que cubre mis puentes,
oh salmódico numen de las vírgenes,
naces ya de la agónica inmersión en mis sentidos,
sofocadas visiones,
forzadas a ver vientos,
tempestades empíricas.
Mi mirada te acerca sin que tú te aproximes,
como un cuchillo taja las arterias,
mis venas implosionan,
llevo dentro unigénitos sonidos
que me ilustran de ti.
Cobro formas de soles,
del orden natural de las inmensidades
más sacras, que quizás en otra vida
eran solo semilla.
Flor en luna, he sembrado tu jardín,
en los silos, el grano del recuerdo,
para así no olvidar tan solo una,
tu mirada, que tan polinizada,
ha convertido en un caleidoscopio
mis fatigas, mis ansias y deseos.
Lo único que me queda de este humilde abolengo
es la raza inhumana de tu carne,
sufridor, oh, mi arte, de la esencia.
Nunca me quedo a solas con la nada.
Difusa fuiste, como esos borrones
que la tinta desboca.
De tu beso, esplendor, de la tortuosa
eternidad que puede unir montañas,
reincidencias que el tiempo deshabita,
me resta tutelar su voluntad,
como ese alma que habla por tu boca,
mi sigilo es oscuro y transparente.
Si quisiera encontrarte jamás me buscaría.
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