celiana
Esa soy yo, es lo que hay.
¿Qué te pasa? Preguntas.
Nada; respondo.
Entre lenguas parejas
mencionas esto cada mañana,
con tus ideas valorizadas
por el hecho descriptivo de tu vena.
¿Estas bien? Reiteras.
Inmutación diferencial, expreso.
¿No lo entiendes, verdad?.
Pero además, ¿Una enferma
que te puede enseñar?.
Y volteas, manifestando desdén
con cada látigo verbal,
que tu labia expresa;
y es fiero, por que
inmutas mi diferenciar,
y lo conviertes en algo
difícil de olvidar.
Y te concentras, escribes y comentas;
sucesión instantánea de hechos,
que son dañinos en mi conmoción,
que es un maniatismo perverso,
que ya debes conocer.
¿Y yo? Recogiendo malestares,
percibiendo olores,
y soportando tus palabras,
que desbaratan mi histeria.
Y acaricias. Es lo que peor,
que me haces.
Acaricias mi lóbulo derecho, zona parietal,
e intentas algo con mi zona frontal;
con tus masculinas manos,
inundas de deseo pragmático, mi corazón.
Y me encierro.
Me encierro, en mí.
Para poder suspender
todo intento de sobrepasar
tus piadosas manos
por mis senos.
Y creo. Creo excusas;
para no pensar en tal hecho,
que me envuelve en
expresiones temerosas
de masculinidad.
Y lo intento.
¡Te juro, que lo intento!
Y así, te paras, me concentro,
traspasas, y leo...
¿Te suena conocido, el cuento?
No. yo sé que no.
Pero de algo conocido,
te comento.
Es de aquel sentimiento,
que de costumbre se arraiga.
¡Son meses conociéndote!.
¿Y no sientes nada?.
Pero, yo sí sé, que tu amor
y tu deseo, en que otro sendero
ha acampado;
hasta el nombre y figura
de tu indescriptible corazón.
Termino, este cuento extraño,
entre la luna y el sol (tú);
comentándote, que no es coincidencia,
los hechos explicados, por esta razón.
Es que te muestras ante mí,
y eso es algo por no obviar,
que me concede
con cada acción ejecutada,
el derecho de amarte.
Y lloró; concluyendo el día ordinario,
en que te expresas, te muestras,
y de a pocos entregas tu corazón,
como si guardases tu maná,
para alguien, que valga la pena.
¡Una recomendación!
No te entregues demasiado, mi amor;
porqué puede, que alguna de ellas
de ti abuse, con sus mentiras flojeras.
Nada; respondo.
Entre lenguas parejas
mencionas esto cada mañana,
con tus ideas valorizadas
por el hecho descriptivo de tu vena.
¿Estas bien? Reiteras.
Inmutación diferencial, expreso.
¿No lo entiendes, verdad?.
Pero además, ¿Una enferma
que te puede enseñar?.
Y volteas, manifestando desdén
con cada látigo verbal,
que tu labia expresa;
y es fiero, por que
inmutas mi diferenciar,
y lo conviertes en algo
difícil de olvidar.
Y te concentras, escribes y comentas;
sucesión instantánea de hechos,
que son dañinos en mi conmoción,
que es un maniatismo perverso,
que ya debes conocer.
¿Y yo? Recogiendo malestares,
percibiendo olores,
y soportando tus palabras,
que desbaratan mi histeria.
Y acaricias. Es lo que peor,
que me haces.
Acaricias mi lóbulo derecho, zona parietal,
e intentas algo con mi zona frontal;
con tus masculinas manos,
inundas de deseo pragmático, mi corazón.
Y me encierro.
Me encierro, en mí.
Para poder suspender
todo intento de sobrepasar
tus piadosas manos
por mis senos.
Y creo. Creo excusas;
para no pensar en tal hecho,
que me envuelve en
expresiones temerosas
de masculinidad.
Y lo intento.
¡Te juro, que lo intento!
Y así, te paras, me concentro,
traspasas, y leo...
¿Te suena conocido, el cuento?
No. yo sé que no.
Pero de algo conocido,
te comento.
Es de aquel sentimiento,
que de costumbre se arraiga.
¡Son meses conociéndote!.
¿Y no sientes nada?.
Pero, yo sí sé, que tu amor
y tu deseo, en que otro sendero
ha acampado;
hasta el nombre y figura
de tu indescriptible corazón.
Termino, este cuento extraño,
entre la luna y el sol (tú);
comentándote, que no es coincidencia,
los hechos explicados, por esta razón.
Es que te muestras ante mí,
y eso es algo por no obviar,
que me concede
con cada acción ejecutada,
el derecho de amarte.
Y lloró; concluyendo el día ordinario,
en que te expresas, te muestras,
y de a pocos entregas tu corazón,
como si guardases tu maná,
para alguien, que valga la pena.
¡Una recomendación!
No te entregues demasiado, mi amor;
porqué puede, que alguna de ellas
de ti abuse, con sus mentiras flojeras.