Esta historia que cuento muchas veces ha sido contada.
Sucedió muy lejos de aquí,en una tierra que rodea el mar.
Un joven se enamoró de una bella mujer prostituta,
pero no por voluntad propia,sino prostituída por otros.
Extranjeros ricos explotaban su cuerpo de ébano.
A todas horas era vendida al mejor postor.
Los hijos que de ella nacieron asesinados fueron
o hambrientos y desnudos obligados a pedir en la calle.
Es dura la vida para quien no tiene nada,sólo muerte,
ni un mísero pedazo de pan que llevarse a la boca
mientras otros,gordos y viles, en lujosos palacios
los manjares devoran cual feroces fieras sangrientas.
Herida quedó su alma,la conciencia golpeaba
cual poderoso martillo en su fiero corazón.
¡Tanto la amaba,tanto,que fue encarcelado
por defenderla de tanta mentira y oprobio!
Cuando lo soltaron,salió resuelto a limpiar
la casa de su amada de hienas y escorpiones.
Vivió en el monte,hambriento,perseguido,odiado,
pero sabedor de que la razón estaba de su parte.
Victorioso bajó del monte y encaminó sus pasos
a la casa de su amada que lo esperaba alegre.
Ahora,amándose, viven juntos y son todo lo felices
que les permiten ser los que conceden los permisos.
Si ustedes conocen a este hombre y a esta mujer
por favor callen sus nombres,no los digan,
solo los más puros tienen derecho a pronunciarlos.
Eladio Parreño Elias
6-Abril-2011