Laidia
Poeta fiel al portal
Mi cuerpo permanecía inmóvil entre un espacio del tiempo.
Mi alma, se proyectaba a pocos metros de mí,
dejando al otro lado del abismo,
mi cuerpo, cárcel de mi razón.
El alma ansiaba la capacidad de la razón,
valoraba sus actos y experiencias.
El alma se enamoró de la razón.
La razón envidiaba la libertad del alma,
quería no tener limitaciones ni errores,
La razón se enamoró del ama.
Esta se acercaba poco a poco a su corpulento cuerpo,
besando sin parar cada uno de sus gestos.
Antes su enemigo, ahora su ídolo.
Podía oler su cuello ajazminado,
y contemplar cada uno de sus retratos.
Acariciaba su suave piel,
sintiendo ahora todos sus lamentos.
Entre la nada y la existencia la besó,
e hicisteis el amor mas bello antes no conocido.
Erais uno y os hicisteis dos,
los dos os hicisteis uno.
El alma profundizaba poco a poco
entre los límites ocultos de la razón,
haciéndole vivir cada orgasmo,
en cada rincón de sus sentimientos.
Se recobijaban entre escarchas de los hechos,
y viajaban probando cada concepto.
El alma alzaba la razón,
liberándola de todas sus cadenas,
y esta se excitaba entre la gracia y la pena.
Eternamente habrá un amor,
donde jamás existirá la traición.
Mi alma, se proyectaba a pocos metros de mí,
dejando al otro lado del abismo,
mi cuerpo, cárcel de mi razón.
El alma ansiaba la capacidad de la razón,
valoraba sus actos y experiencias.
El alma se enamoró de la razón.
La razón envidiaba la libertad del alma,
quería no tener limitaciones ni errores,
La razón se enamoró del ama.
Esta se acercaba poco a poco a su corpulento cuerpo,
besando sin parar cada uno de sus gestos.
Antes su enemigo, ahora su ídolo.
Podía oler su cuello ajazminado,
y contemplar cada uno de sus retratos.
Acariciaba su suave piel,
sintiendo ahora todos sus lamentos.
Entre la nada y la existencia la besó,
e hicisteis el amor mas bello antes no conocido.
Erais uno y os hicisteis dos,
los dos os hicisteis uno.
El alma profundizaba poco a poco
entre los límites ocultos de la razón,
haciéndole vivir cada orgasmo,
en cada rincón de sus sentimientos.
Se recobijaban entre escarchas de los hechos,
y viajaban probando cada concepto.
El alma alzaba la razón,
liberándola de todas sus cadenas,
y esta se excitaba entre la gracia y la pena.
Eternamente habrá un amor,
donde jamás existirá la traición.