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Historia de tres regalos

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
HISTORIA DE TRES REGALOS
Un relato verosímil, por desgracia.

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Los tres regalos son: una muñeca con forma de mujer alta y delgada, una cartera vieja de colegial y un fonendoscopio, ese aparato que emplean los médicos para escuchar los latidos del corazón.

Salma, una niña paquistaní de 11 años, estaba escribiendo en su cuaderno escolar, sentada sobre una enorme piedra en el patio de su casa, cuando entró Mustafá, un hombre mayor que quería casarse con ella.

Salma vivía con sus padres y cuatro hermanos en una humilde casa redonda que parecía un nido: tenía los muros de piedra, el techo de paja y un pequeño árbol con hojas enormes, siempre verdes, en el patio. En aquel tiempo era una niña encantadora. El color sonrosado de su piel contrastaba con el cabello de azabache, y armonizaba con el tono rojo de sus labios. Llamaban la atención sus grandes ojos negros, que brillaban igual que las estrellas en las noches claras. Era muy tímida: se sentía insegura cuando salía del patio de su casa. Sonreía y bajaba la cabeza siempre que se encuentra con una persona desconocida.

Mustafá vivía solo en la casa más alta del pueblo. Tenía mucho dinero, pocos parientes y ningún amigo. Era un hombre alto, fuerte y calvo. Todo su cabello estaba concentrado en el enorme bigote blanco que ocultaba sus labios y realzaba el color tostado de su piel. Parecía aún más corpulento cuando estaba al lado de la menuda niña. Andaba siempre muy erguido, levantando la cabeza para mirar dese arriba.

Mustafá ofreció a Salma un regalo: una caja transparente que contenía una muñeca con forma de mujer alta y delgada, como las de la marca Barbi, con varios vestidos y complementos. Al mismo tiempo, intentó sonreír; pero su enorme bigote le tapó la sonrisa:

– Toma, mi niña, una muñeca casi tan guapa como tú. Vengo a concertar nuestra boda con tus padres. Tú serás mi muñeca cuando estemos casados. Te compraré muchos vestidos y joyas. Y vivirás conmigo en la casa más alta, donde tengo una habitación grande solo para ti.


La niña bajo la cabeza y se quedó paralizada de terror. Le daba miedo aquel hombre, sobre todo su bigote, sin saber por qué. Él intentó levantar la cabeza de la niña colocando el dedo índice en el mentón y tocando los labios con el pulgar. Ella sintió mucho asco, se frotó los labios con el reverso de la mano, gritó y salió corriendo. Entonces apareció el padre de la niña en la puerta de la casa y dijo:

– Pase, pase, señor Mustafá. Le estábamos esperando mi mujer y yo.
– Salma, no te vayas, espéranos en el patio – mandó a su hija.

Mustafá dejó la caja de la muñeca en el suelo y entro en la casa. Salma se escondió fuera, detrás de la tapia del patio. Desde allí solo pudo escuchar la voz enérgica de su madre:

– No quiero que se case por la fuerza. Debe seguir estudiando. […]
– Es una niña. ¡Solo tiene 11 años! […]
– No quiero que mi hija sufra lo mismo yo cuando me obligaron a casarme.
– No. No. No. – terminó diciendo entre sollozos.

Mustafá salió muy disgustado de la casa y, además, tuvo que escuchar las últimas palabras de la madre:

– ¡Quédese con su cochino dinero y su maldita muñeca! Mi hija no se vende.

Mustafá cogió la muñeca del suelo, la lanzo contra la copa del árbol y salió presuroso, mirando al suelo. La niña entro en el patio cuando se marchó su pretendiente, se cubrió la cara con las manos, dejó de temblar y empezó a sollozar. La madre abrazó a su hija mientras intentaba consolarla:

– Seguirás conmigo, mi niña. No te casarás a la fuerza. Quiero que te dejen ser niña y sigas estudiando. Mañana te daré un regalo muchísimo mejor que esa maldita muñeca.

La niña retiró las manos de su cara, abrazó a su madre y continuó llorando en silencio hasta que el sueño la rindió. Al día siguiente recibió el regalo: una cartera de segunda mano para guardar los libros del colegio. En la tienda de compra y venta había cambiado la muñeca por la cartera.

***

Ahora, después de muchos años, la doctora Salma contempla la vieja cartera escolar que siempre guarda en su consulta, al lado del fonendoscopio: el último regaló de su madre, el que recibió cuando terminó la carrera de medicina.



COMENTARIO AL RELATO ANTERIOR


Un novelista se siente, en cierto modo, como un diminuto dios construyendo un mundo con palabras. Actúa igual que el Sumo Hacedor (dios o el universo, según la religión o la filosofía) que determina el destino de todos los seres. Los personajes que crea toman vida propia en su imaginación. Salma, la protagonista del relato, habla con su autor cuando está escondida detrás de la tapia de su patio:

– Escritor, haz que no me casen con ese hombre. Tengo mucho miedo. Quiero seguir estudiando en la escuela con mis compañeras y continuar juagando con mis amigas bajo la sombra del árbol. No sé qué será de mí con él, pero pienso en algo muy malo y asqueroso.


El escritor hubiera querido decir a su personaje:

– Cálmate, Salma. Tu madre te defenderá y tu vida tendrá un desenlace feliz. Desde aquí, donde estás, podrás escuchar sus palabras. Este relato, al final, da un salto de muchos años hacia el futuro. Podrás realizar tu sueño con la ayuda de tu madre y tus hermanos.


















 

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Última edición:
Me encanta esa cartera vieja de colegial.

Este tema me puede, niñas entregadas en manos de hombres. No puedo con esto. Veo a mi hija de 12 que aún es muy niña y me descompongo.

No sé en nombre de qué dios se puede permitir esto.

Religiones creadas a manos de animales. Los artículos y estatutos me los invento a mi conveniencia. En algún artículo debe de decir que la mujer es un objeto, que se comida y vende y humilla y denigra cuando el hombre quiere.

Nos queda tanto por hacer. Queda todo.

Un saludo.
 
Parece mentira que en algunos lugares de la Tierra el calendario les ubique en el siglo XXI... Buena prosa, compañero. Saludos.
 
Me encanta esa cartera vieja de colegial.

Este tema me puede, niñas entregadas en manos de hombres. No puedo con esto. Veo a mi hija de 12 que aún es muy niña y me descompongo.

No sé en nombre de qué dios se puede permitir esto.

Religiones creadas a manos de animales. Los artículos y estatutos me los invento a mi conveniencia. En algún artículo debe de decir que la mujer es un objeto, que se comida y vende y humilla y denigra cuando el hombre quiere.

Nos queda tanto por hacer. Queda todo.

Un saludo.

"Las niñas tienen que jugar con muñecas,
jamás ser usadas como muñecas para jugar con ellas."

Esta frase que citas sintetiza muy bien el mensaje del relato. Ninguna persona debe ser utilizada como un objeto. Todos deberíamos ser sujetos activos libres.

Gracias por el comentario y feliz año.
 

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