viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Soy el abrevadero en la sombra
que calma tus horas salvajes.
Y te genera dúctil y tersa a la vez
como un arco dócil y mortal.
Pero sucedió que yo me preñé
de larvas de mosquitos.
Y no me entristecí,
porque fui madre como la tierra.
Serví vida en grandes raciones,
Millares, millones de células
se amamantaban de mi savia,
y yo me hacía más fuerte.
Pero sucedió que yo me sequé
de tanto que no bebías.
Y no me entristecí,
porque me llené de aire.
Y fui libre con tanto hueco
que la soledad regala.
Y me acostumbré a ser el aliento
de la roca y del mar.
Pero sucedió que yo resucité
porque tú morías de sed,
y no me entristecí,
porque volví a ser amante.
Agua que se esparce
en tus cauces más bellos.
Lujosa saliva de amor
que va sembrando almas.
Pero sucedió que yo me hice nube
con el calor de tus labios,
y cada poro de tu piel
era fuego en mis dedos.
Y en ti me dormí
como un cachorro anciano,
tan viejo y tan joven
como las llamas del placer.
Y jamás sucedió
que yo me entristeciera.
que calma tus horas salvajes.
Y te genera dúctil y tersa a la vez
como un arco dócil y mortal.
Pero sucedió que yo me preñé
de larvas de mosquitos.
Y no me entristecí,
porque fui madre como la tierra.
Serví vida en grandes raciones,
Millares, millones de células
se amamantaban de mi savia,
y yo me hacía más fuerte.
Pero sucedió que yo me sequé
de tanto que no bebías.
Y no me entristecí,
porque me llené de aire.
Y fui libre con tanto hueco
que la soledad regala.
Y me acostumbré a ser el aliento
de la roca y del mar.
Pero sucedió que yo resucité
porque tú morías de sed,
y no me entristecí,
porque volví a ser amante.
Agua que se esparce
en tus cauces más bellos.
Lujosa saliva de amor
que va sembrando almas.
Pero sucedió que yo me hice nube
con el calor de tus labios,
y cada poro de tu piel
era fuego en mis dedos.
Y en ti me dormí
como un cachorro anciano,
tan viejo y tan joven
como las llamas del placer.
Y jamás sucedió
que yo me entristeciera.