sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre los sueños que quemaban los destinos, se escondían los principes de la rabia, esa que castigaba a los mundos que eran inocentes, pues las montañas eran castillos, que al cruzar su propia altura, se abrian puertas secretas, que al conducir sus propias oscuridades, pudieron ver que habia una persona que se dedicaba a matar a los Jerfer, unos duendes de donde los cielos eran túneles que daban paso a un mundo espiritual, en donde las catastrofes eran perseguidas por los propios ángeles, que lanzaban flechas contra las criaturas que querían desafiar a la ley que comunicaba dos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Se sabia que habia una luz que repartia los soplidos, para esquivar a las calaveras fantasmas, y demás repugnacias, que cosian al cielo y lo desarmaban, cayendo las nubes por las ventanas transparentes, esas que llevaban al arco iris a la condena, pues las gotas de agua, eran la sangre del propio cielo, que al quedar castigado y sin recursos, solo habría que esperar que las propias montañas que subian, eran los ascensores de la nueva era, para las inmortales almas, que no decian adios, hasta que se les derramaba su propia voz, para convertir las palabras en sus atenciones, dejando que lo demás, fueran como si las verdaderas amenazas, solo quedaran en un eclipse, que prendia las orillas de las nubes, en fuego y arena, de las estrellas que se quedaban sin aliento, por no saber aguantar, los vientos del tiempo.