jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
cada vez que ella sale a la pista
con la tanga fucsia fosforescente enhebrada
con hilillos dorados que despiden
tenues chispazos cuando la luz incide en ellos;
con el top bermellón tachonado de lentejuelas plateadas
brillando como lejanos pulsares en medio
de la noche estelar de andrómeda;
con los zapatos de pvc translúcidos
incrustados de foquitos que emiten
rayos de luz multicolor cada vez que ella da un paso
arriba de sus alucinantes tacones de 22 centímetros
delgados como la hoja de acero bruñido
de un puñal de la dinastía ming como los que solían usar
los samurais o los ninjas o algunos de esos psicópatas sedientos de sangre
cuando pasaban a rebanarle el pescuezo a sus enemigos;
cada vez que que ella sale a la pista
envuelta en toda esa deslumbrante combinación
de efectos especiales dignos de la mejor película de spielberg
ninguno de los tristes y solitarios
y amargados y derrotados especímenes de homo eyaculatorium
que vacíamos desganadamente nuestros vasos
sentados a escasos metros del escenario enfocando el mismo objetivo
ninguno en realidad nos fijamos demasiado
en el jodido resplandor; nadie vino en realidad
a ver brillar las putas lucecitas o admirar
el poético zafiro comprado en el todo-a-cien que le cubre el coño
sino más bien a esperar que por fin se deje de hacer pendeja
dando vueltas de acá para allá contoneándose como una culebra
y se quite de una puta vez la tanga y el top y se quede en cueros
y muestre aquel tremendo par de tetas y ese culo
que a la resacosa mañana siguiente ya de vuelta
en la soledad y la fría pocilga que habitamos
valdrán para hacernos la desesperada paja
de todos nuestros putos fracasados días
con la tanga fucsia fosforescente enhebrada
con hilillos dorados que despiden
tenues chispazos cuando la luz incide en ellos;
con el top bermellón tachonado de lentejuelas plateadas
brillando como lejanos pulsares en medio
de la noche estelar de andrómeda;
con los zapatos de pvc translúcidos
incrustados de foquitos que emiten
rayos de luz multicolor cada vez que ella da un paso
arriba de sus alucinantes tacones de 22 centímetros
delgados como la hoja de acero bruñido
de un puñal de la dinastía ming como los que solían usar
los samurais o los ninjas o algunos de esos psicópatas sedientos de sangre
cuando pasaban a rebanarle el pescuezo a sus enemigos;
cada vez que que ella sale a la pista
envuelta en toda esa deslumbrante combinación
de efectos especiales dignos de la mejor película de spielberg
ninguno de los tristes y solitarios
y amargados y derrotados especímenes de homo eyaculatorium
que vacíamos desganadamente nuestros vasos
sentados a escasos metros del escenario enfocando el mismo objetivo
ninguno en realidad nos fijamos demasiado
en el jodido resplandor; nadie vino en realidad
a ver brillar las putas lucecitas o admirar
el poético zafiro comprado en el todo-a-cien que le cubre el coño
sino más bien a esperar que por fin se deje de hacer pendeja
dando vueltas de acá para allá contoneándose como una culebra
y se quite de una puta vez la tanga y el top y se quede en cueros
y muestre aquel tremendo par de tetas y ese culo
que a la resacosa mañana siguiente ya de vuelta
en la soledad y la fría pocilga que habitamos
valdrán para hacernos la desesperada paja
de todos nuestros putos fracasados días
Última edición: