Eme Singer
Poeta recién llegado
El mapa se desplegaba ante sus ojos, quemándose los kilómetros a sus espaldas, dejando el billete de ida y vuelta en la maleta.
Ella miraba por la ventanilla del autocar, buscando más motivos que respuestas en aquellos horizontes desconocidos. Escuchando de fondo, impasible, la música que él escuchaba.
Le miró de reojo, sabiendo que casi todo lo que había pasado en los últimos días había sido un error más. Decidió acabar el balance de pérdidas y se agarró fuerte a Rayuela "-Siempre nos quedará París a los que no tenemos dónde caernos muertos" pensó.
Entonces él la miró por primera vez en los últimos minutos y, sabiendo que los dos se miraban sin verse, deslizó su mano por el canto del libro que ella leía, acariciando con la yema de los dedos y con una fragilidad infinita las hojas de esa historia.
Ella lo vio, y pensó que, quizás, no era tan imposible que todo aquello ocurriera.
Y sin dejar de leer y sin mirarle, sonrió.
Ella miraba por la ventanilla del autocar, buscando más motivos que respuestas en aquellos horizontes desconocidos. Escuchando de fondo, impasible, la música que él escuchaba.
Le miró de reojo, sabiendo que casi todo lo que había pasado en los últimos días había sido un error más. Decidió acabar el balance de pérdidas y se agarró fuerte a Rayuela "-Siempre nos quedará París a los que no tenemos dónde caernos muertos" pensó.
Entonces él la miró por primera vez en los últimos minutos y, sabiendo que los dos se miraban sin verse, deslizó su mano por el canto del libro que ella leía, acariciando con la yema de los dedos y con una fragilidad infinita las hojas de esa historia.
Ella lo vio, y pensó que, quizás, no era tan imposible que todo aquello ocurriera.
Y sin dejar de leer y sin mirarle, sonrió.