Mario Quintana
Exp..
Con el sol se mustian rumbo
al suelo las espigadas
hojas del palmeral,
Y ánimas abordan mi cama
como el final del marinero,
cuyo último mensaje fue advertir de
que sus miedos,
subían por la borda en la noche y
en el silencio.
Y huyó
o no quiso que se supiese más de su cuerpo,
y advertidos
como él, quisimos dar entera de una
vez la vuelta al universo.
Navegantes.
Tal vez,
su muerte fue uno de esos últimos vestigios
del verano.
Pero con la primera de sus despedidas,
corremos hacia la lluvia
pretendiendo que la llegada del solsticio
sea mejor que la del otoño pasado.
E inadvertidos,
despedimos al verano
equivocados.
Y lo pienso ahora y
tarde,
cuando el sol prende hacia el suelo
las hojas que escribo,
de mi silencio.
al suelo las espigadas
hojas del palmeral,
Y ánimas abordan mi cama
como el final del marinero,
cuyo último mensaje fue advertir de
que sus miedos,
subían por la borda en la noche y
en el silencio.
Y huyó
o no quiso que se supiese más de su cuerpo,
y advertidos
como él, quisimos dar entera de una
vez la vuelta al universo.
Navegantes.
Tal vez,
su muerte fue uno de esos últimos vestigios
del verano.
Pero con la primera de sus despedidas,
corremos hacia la lluvia
pretendiendo que la llegada del solsticio
sea mejor que la del otoño pasado.
E inadvertidos,
despedimos al verano
equivocados.
Y lo pienso ahora y
tarde,
cuando el sol prende hacia el suelo
las hojas que escribo,
de mi silencio.