marianella
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegaste a mí como vieja mirada de metro,
me violentaste con tu bella sonrisa
y como antigua moneda jugué con la idea del vicio del cigarro,
para saber como tu boca pronunciaba mi nombre.
Rodeaste mi suspicacia con tu silencio,
denotaste mi vergüenza,
y es así como te invite a danzar,
para acercarme a tu escucha y disparar mi mejor verso.
Manifestaste tus mejores miradas,
te enseñe mi mejor paso de salsa,
para excluirnos, cerrar nuestro espacio,
y crear de nuestra bienvenida un ticket para siempre.
El teléfono sonó al atardecer,
esperado evento con ciertas mariposas,
fijamos día y hora de nuestra primera cita,
pinté una sonrisa en mis labios y canté tu primera oda.
Caminamos de la mano por Santiago,
semanas del arpegio seductor de la conquista,
entregaste tu vida a mi oído,
y así… robar nuestro primer beso y conciliar la deidad.
Reconocer el destino en nuestras almas,
devorar mis alegrías de estos años,
y decirte amado,
eres el hombre de mi vida.
me violentaste con tu bella sonrisa
y como antigua moneda jugué con la idea del vicio del cigarro,
para saber como tu boca pronunciaba mi nombre.
Rodeaste mi suspicacia con tu silencio,
denotaste mi vergüenza,
y es así como te invite a danzar,
para acercarme a tu escucha y disparar mi mejor verso.
Manifestaste tus mejores miradas,
te enseñe mi mejor paso de salsa,
para excluirnos, cerrar nuestro espacio,
y crear de nuestra bienvenida un ticket para siempre.
El teléfono sonó al atardecer,
esperado evento con ciertas mariposas,
fijamos día y hora de nuestra primera cita,
pinté una sonrisa en mis labios y canté tu primera oda.
Caminamos de la mano por Santiago,
semanas del arpegio seductor de la conquista,
entregaste tu vida a mi oído,
y así… robar nuestro primer beso y conciliar la deidad.
Reconocer el destino en nuestras almas,
devorar mis alegrías de estos años,
y decirte amado,
eres el hombre de mi vida.